Archive for the ‘ Holocausto de Chorrillos ’ Category

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12
ene

Subteniente chileno describe la matanza, saqueo e incendio de Chorrillos.- Repase de heridos, fusilamiento de prisioneros, violaciones, robo, destrucción e incendios generalizados.- Tufo racista de la soldadesca chilena

Escribe: César Vásquez Bazán
Malecón de Chorrillos antes de la Batalla de San Juan

El subteniente chileno Justo Abel Rosales, del Regimiento Aconcagua, participó en la Batalla de San Juan librada el jueves 13 de enero de 1881 y describió el Holocausto de Chorrillos en el cuarto capítulo de su obra Mi campaña al Perú: 1879-1881.

El cuadro pintado por Rosales complementa la crónica escrita por su compatriota Manuel Jesús Vicuña en su Carta Política. Rosales incluye precisiones sobre la carnicería de San Juan, el saqueo de Chorrillos, las disputas entre la soldadesca genocida –resueltas a balazo o bayonetazo limpio–, los robos perpetrados en las casas de la villa, las violaciones de “niñas peruanas” y, como telón de fondo permanente e interminable, el incendio por días de Chorrillos que arrasó la ciudad completamente.

Además, puede apreciarse en el texto de Rosales el odio y desprecio racistas del autor–generalizado entre muchos miembros de la sociedad chilena– en contra de los seres humanos a los que llamó “cholos”, “negros” y “cafres” peruanos.

Mi campaña al Perú: 1879-1881
Justo Abel Rosales
Textos seleccionados del Capítulo IV

En Perú: Las batallas de Chorrillos y de Miraflores

Viernes 14 [de enero de 1881]. Campamento de Chorrillos.

Día memorable para mí será el de ayer jueves 13, en que nuestro ejército se tomó a Chorrillos...

Empezamos a subir una loma, que era el punto más bien defendido por los peruanos y que por esto mismo, fue el cementerio de los chorrillanos, por ahí quedó un alfombrado de cadáveres. Todo el trayecto que recorrimos al lado de un largo foso lo encontramos lleno de muchos centenares de cholos muertos de la manera más horrible. La lucha debió aquí ser tremenda. Parece que estas posiciones fueron tomadas a la bayoneta, porque no de otra arma eran las terribles heridas que tenían los enemigos. Una cuadra y media distante de nosotros, a nuestra derecha, divisamos algo que al principio me figuré grandes montones de ropa blanca, y sin embargo eran filas de muertos. La matanza aquí fue grande. Noté que chilenos no habría seis muertos por donde pasábamos. Yo deseaba salir de ese lugar repugnante, doblemente horroroso por el aspecto espantoso que tomaban los cadáveres, reventados de la cabeza los más, otros descuartizados, digo que deseaba salir de esas líneas de zanjas y por fortuna se nos llevó a la derecha, entrando a la parte cultivable y fértil de Chorrillos. Este nuevo camino estaba también con muchos cadáveres en sus inmediaciones. Uno de ellos estaba quemándose y era un negro de feísimo aspecto, aunque sobre esto último no hay que hablar, pues el cholaje muerto es de lo más feo que en mi vida he visto…

Casi todos nos acostamos en el pasto, rendidos como estábamos de cansados. Los soldados que habían quedado dispersos, y todos los que de propósito se quedan atrás de las compañías que llegaron formadas, empezaron a llegar al campamento con jarros, caramañolas y botellas todas llenas de pisco o vino. Otros traían conservas, gallinas, espejos, vestidos, quitasoles, y muchas otras cosas, y no pocos ostentaban en sus cabezas o en la punta de sus bayonetas quepis de soldados peruanos muertos o algún sombrero apuntado de coronel. Con todo esto la algazara que se formó entre los soldados fue cundiendo a medida que iban pasando larguísimos tragos del exquisito pisco, de modo que al entrarse el sol, la rasca [embriaguez] era ya tremenda y general. En el pueblo la borrachera subió de punto. Los soldados mataban, saqueaban y bebían a discreción. A la hora indicada gruesas y gigantescas columnas de humo se elevaban hasta las nubes, produciendo horrorosos incendios, en medio de la alegría general de los soldados de todos los cuerpos, ebrios de vino, de sangre y de victoria…

Serían las 9 p.m. cuando se ordenó mandar una compañía de avanzada en unión con otra de los navales. Aquí fue el apuro en que se vio el ayudante Nordenflycht para poder reunir la gente necesaria, pues el regimiento entero estaba iluminado [ebrio]... La Primera del Primero no pasó más de media docena de hombres, y así las demás; pero ninguno se podía parar derecho...

La noche estaba clara y el cielo enrojecido con el resplandor del incendio de Chorrillos... En los Navales habían tropezado con el mismo inconveniente que nosotros, pues la tropa había bebido también por jarros el pisco. Un oficial le dijo al segundo comandante que lo apuraba para que formara la tropa necesaria: “¡Pero señor, si todos están curados [ebrios]...!”… Acampamos no distantes del pueblo de Barranco que ardía como Chorrillos… Aparte del cansancio de las tropas, éstas habían bebido como odres y estaban inútiles en gran parte... Desde ese puesto de avanzada sentíamos la bulla de la soldadesca ebria del infeliz pueblo de Chorrillos. El incendio parecía crecer más cada momento. Detonaciones de rifles se sentían continuamente en el incendio, y eran balazos que se tiraban unos a otros. Esa fue la noche triste de Chorrillos… Lo que pasó después de la victoria es lo que comúnmente pasa en una población tomada a viva fuerza. ¿Y de qué otra forma le podemos hacer la guerra a estos cafres?...

Durante todo el día continuó ardiendo todo Chorrillos. Desde nuestro campamento vimos consumir por las llamas hermosos edificios de dos pisos, que parecían iglesias por sus miradores en forma de torres. Se mencionan muchas desgracias ocurridas. Una gallina llevada por algunos soldados era quitada a balazos por otros. La negativa de un trago de licor producía igual resultado. Todas las cuestiones las solucionaba la bala o bayoneta. Un cabo de nuestra banda (no se ha averiguado quién sería) pidió un trago de vino a un soldado naval; éste no quiso darle, y sin más que esto, el cabo lo mata de un balazo y se toma el licor. Varios soldados encontraron niñas peruanas, según creo, se encerraban con ellas para remoler [irse de jolgorio o parranda] en una casa, al son de un piano tocado por esas callosas manos chilenas. En la puerta de calle pusieron centinela armado de rifle y bien municionado. El que pretendía entrar, bala con él. En Chorrillos nuestros soldados se pusieron las botas

Hasta muy entrada la noche anduvimos por los rieles. Nos acercamos al pueblo de Barranco y vimos que ardía un gran edificio. Desde esta distancia la costa de Chorrillos parecía una inmensa serpiente de fuego.

Sábado 15 [de enero de 1881]. Durante toda la noche iluminó el horizonte el gran incendio que empezaba en Chorrillos y terminaba en Barranco”...

Fuente chilena

Rosales, Justo Abel. 1984. Mi campaña al Perú: 1879-1881. Concepción: Universidad de Concepción, pp. 208-224.

© César Vásquez Bazán, 2012
Enero 3, 2012

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12
ene

"Los palacios fueron dinamitados, mujeres perseguidas por soldados corrían por las calles casi desnudas y sin aliento, luego serían violadas; los hombres asesinados sin misericordia, los niños reventados a puntapiés o estrellados contra las paredes".- Ni olvido ni perdón para los chilenos responsables del Holocausto de Chorrillos

“...Apoyando el cañón del rifle en la sien del sargento le voló los sesos.

El incendio de Chorrillos
Escribe: Nicolás Augusto González
Textos seleccionados





Obra citada

González, Nicolás Augusto. 1903. Nuestros héroes. Episodios de la Guerra del Pacífico 1879-1883. Tercera Serie. Lima: J. Boix Ferrer Editor, pp. 143-153.

Enero 7, 2012

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11
ene

“No hubo más remedio para rendir a los peruanos que aplicar la tea incendiaria a esos ricos edificios de Chorrillos; la ciudad ardió por todas partes, no ha quedado allí piedra sobre piedra”.- Salvador Donoso, el diabólico cura capellán del ejército de Chile, justificó el Holocausto de Chorrillos

Escribe: César Vásquez Bazán
Casa Derteano en Chorrillos, arrasada por los genocidas chilenos en enero de 1881


El presbítero católico Salvador Donoso se desempeñó como capellán del ejército de Chile y estuvo presente en Chorrillos el 14 de enero de 1881, es decir al día siguiente de la Batalla de San Juan. En carta dirigida a su compatriota Carlos Irarrázaval y fechada el 19 de enero de 1881, Donoso justificó el Holocausto de Chorrillos indicando que “no hubo más remedio de rendirlos [a los peruanos] que aplicar la tea incendiaria a esos ricos edificios [de Chorrillos]”.

Donoso reconoció que “la ciudad ardió por todas partes, y hoy, reducida completamente a escombros, encierra en cada casa un montón de cadáveres calcinados cuyo número aún no se conoce”.

El presbítero chileno informó a Irarrázaval que “sin exageración… no ha quedado allí piedra sobre piedra, porque la mano destructora escribió sobre las cenizas aquella antigua inscripción del viejo Homero: Aquí fue Troya. Los incidentes de esta catástrofe son horribles y se aflige el corazón cuando se contempla este cuadro fúnebre iluminado a lo Nerón por teas de cadáveres humanos”.

Por supuesto, el religioso chileno Donoso no incluyó en su carta la descripción de los desmanes, asesinatos, violaciones y saqueos practicados por la soldadesca de su país. Tampoco se preguntó a quién perteneció “la mano destructora” que arrasó Chorrillos. Menos aún ingresó a considerar la responsabilidad moral o espiritual de la comisión del Holocausto de Chorrillos, que recae en su feligresía, es decir en la soldadesca chilena.

Finalmente, es curioso que Donoso mencione a Nerón y no recuerde que ese emperador persiguió a los cristianos, habiéndoles atribuido el Gran Incendio de Roma, intención que es la misma del capellán del ejército de Chile con respecto a los peruanos.

Obra citada

Ahumada, Pascual. 1982. Guerra del Pacífico. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello, Tomos V - VI, p. 177.

© César Vásquez Bazán, 2012
Enero 8, 2012

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11
ene

Cabo chileno del Regimiento Chillán relata Holocausto de Chorrillos.- Hipólito Gutiérrez confirma que se prendió fuego "a todas las casas, a todo el pueblo…"

Escribe: César Vásquez Bazán

Además de participar en el conflicto bélico, el cabo primero del regimiento chileno Chillán, don Hipólito Gutiérrez, efectuó anotaciones sobre los principales incidentes de la Guerra del Salitre. Ellas sirvieron –casi un siglo después– para publicar el libro titulado Crónica de un soldado de la Guerra del Pacífico.
 
En el capítulo 17 de la Crónica, el cabo Gutiérrez relata la matanza e incendio de Chorrillos. Precisa que el ejército chileno efectuó búsquedas en las casas de Chorrillos “y se acababa con cuantos se hallaban” en ellas. Se deduce de dichas líneas que los chilenos no tomaron prisioneros en la ciudad de Chorrillos ni tampoco estuvieron muy interesados en preguntar a las víctimas si eran peruanos o extranjeros.

Gutiérrez también refiere que el incendio de Chorrillos se generalizó por el intento chileno de impedir la escapatoria de quienes estuvieran en la villa en ese momento: “Los que no se podían hallar en las casas se les prendieron fuego a todas las casas, es decir a todo el pueblo”. Como consecuencia, Gutiérrez pudo ver “el puerto prendiéndose… el puerto toda la noche ardiendo”.

Finalmente, el cabo Gutiérrez registró las reyertas entre la soldadesca chilena que permaneció en Chorrillos. Escribió en la Crónica que en esos enfrentamientos murieron “bastantes chilenos”: “En Chorrillos se mataron muchos chilenos unos con otros solos que andaban haciendo lo (que) querían y al otro día salieron comisiones a buscar a todos los soldados que andaban solos, sin orden, y se encontró mucho más muertos que los que habían quedado ese otro día antes y era que se habían muerto unos con otro en la noche”.

Los actos relatados por el chileno Hipólito Gutiérrez sucedieron la tarde y la noche del 13 de enero de 1881 durante el Holocausto de Chorrillos.

Fuente chilena

Gutiérrez, Hipólito. 1956. Crónica de un soldado de la Guerra del Pacífico. Santiago de Chile: Editorial del Pacífico, pp. 77-78.

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© César Vásquez Bazán, 2012
Enero 5, 2012
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11
ene

"Los chilenos asaltaron el negocio de un italiano… Trataron de insultar a la esposa del dueño… Éste se interpuso… La quiso arrancar del poder de los soldados… Una bala puso fin a sus días. ¿Qué fue de la mujer? Hay cosas que da asco referirlas. Insultada, maltratada, disputada a golpes, dejó de existir y su cadáver seguía siendo profanado por aquellas bestias…" Coronel Miguel Valle Riestra relata Holocausto de Chorrillos

Escena del Holocausto de Chorrillos ejecutado por el ejército de Chile

¿Cómo fue aquello? 13 de enero de 1881
Testimonio del Coronel del Ejército Peruano Miguel Valle Riestra

Al comenzar estas líneas me encuentro tentado en poner punto final a mi trabajo. Lo que voy a narrar, es una lección para la nación chilena, y la grave falta que sus soldados cometieron, conviene se recuerde...

Pero no hay que temer que el roto sea disciplinado cuando se les presente ocasiones iguales; y hoy más que ellos conocen sus fuerzas y saben cuando deben de imponerse a sus futres.

Por otra parte, mi rencor contra el invasor, me incita a referir las espantosas escenas del incendio de Chorrillos, del saqueo y de los asesinatos que se realizaron en esa villa. Hay que recordar la historia vergonzosa de la crápula del ejército chileno en aquel memorable día; hay que mostrar el lodo de aquel ejército, que siendo vencedor quedó vencido durante veinticuatro horas, porque sus vicios lo cegaron, y si no fueron exterminados, fue debido a que en las líneas peruanas no hubo una cabeza aunque sobraron corazones.

Dispersa en las calles de Chorrillos la soldadesca chilena, asaltó las pulperías y despacho de licores entre el diluvio de balas que se cruzaban en todas direcciones. Las pipas de vinos eran desfondadas a culatazos; los piscos rotos a balazos; las botellas descogolladas al golpe seco del corvo, tinto en sangre enemiga... y amiga; y pocos minutos después catorce mil chilenos estaban borrachos en las calles del Versalles peruano, siendo la oficialidad impotente para contener el desborde, que, repito, era más espantoso que una derrota. En esta, la mancomunidad de la desgracia y de los peligros une a los hombres, pero lo que pasaba en Chorrillos, había relajado, olvidado y atropellado toda subordinación. El delirium tremens dominó al ejército invasor por completo.

Muertos, fusilados y asesinados los cholos peruanos, el instinto sanguinario de los rotos buscó nuevas víctimas, y los extranjeros, principalmente los italianos, fueron exterminados. Muchos de estos habían quedado en Chorrillos guardando sus intereses, pero todos fueron fusilados. ¿Cómo comenzaron tales asesinatos con personas que no habían tomado la menor parte en el combate?

En la calle del Tren, un despacho fue asaltado y los chilenos trataron de insultar a la esposa del italiano que custodiaba el negocio. Éste se interpuso como era su deber y la quiso arrancar del poder de los soldados, pero hicieron fuego sobre aquel infeliz y una bala puso fin a sus días. ¿Qué fue de la infeliz mujer? Hay cosas que dan asco referirlas. Insultada, maltratada, disputada a golpes, dejó de existir; ¡y su cadáver seguía siendo profanado por aquellas bestias del instinto!

Las pocas mujeres que quedaron en Chorrillos, fueron víctimas de los más inicuos crímenes, y esto a la luz del día, sin el menor recato, en plena vía pública. Y cuando la bestia dominaba al hombre en aquellas fieras armadas, las balas de sus rifles atravesando al rival y a la mujer disputada, les daba campo para arrojar a un lado el cadáver del primero y profanar el de la segunda.

Un italiano entre otros muchos, fue hecho prisionero, si se puede, en este caso, emplear la palabra. El pobre hombre lleno de miedo les halagaba su amor propio temeroso de que hicieran con él lo que habían hecho con sus paisanos. Era el desgraciado la befa de los guardianes. Uno le daba un golpe con la culata del rifle.

– Ande niño no má pa que coma pronto macarroni, le decían.

Otro con la bayoneta lo iba punzando, y por último, el que estaba a su espalda se lanzó contra el infeliz y rodeándolo con los brazos por la cintura, le introdujo en el estómago un corvovaciándole el vientre.

Un grito italiano y las carcajadas de los rotos se escucharon. Éstas hicieron grato espectáculo de tan espantoso hecho.

– ¡Guatita con porotos niños!, decían en su sanguinaria burla.

El doctor MacLean, médico inglés y padre de una numerosa familia, nacida en Tacna, vivía en Chorrillos, en un rancho en la calle de Lima. La casa tenía una inmensa bandera inglesa, sobre la puerta, el escudo de aquella nación y en el muro, en una plancha de zinc, con los colores ingleses, se leía, Propiedad Inglesa.

Este rancho, verdadero palacio, fue invadido por los chilenos. El respetable anciano se creía seguro bajo su bandera patria y protestó, pero fue insultado, golpeado, mientras los rotos se lanzaron al saqueo de despensa y muebles.

– ¡Mire padre eterno, le decían aludiendo a su blanca y poblada barba, nos ice donde están las chauchas porque si no lo fusilamos en seguidita no mai!

El doctor MacLean trató de salir llegando a conseguirlo hasta la reja de hierro, pero allí lo alcanzó un disparo que instantáneamente lo mató. Pocos minutos después ardía el rancho, regado por completo de kerosene.

La crápula, a las cinco de la tarde, hacía, entre los invasores, sus terribles efectos.

Los niños estaban de remolienda, como ellos decían. Entre los muertos y heridos rodaban los borrachos, con esa... embrutecida y sanguinaria del chileno. Los gemidos y gritos pidiendo socorro de los heridos, se mezclaban con las blasfemias y cantos obscenos de los borrachos. Las coplas de la monótona chilena, se escuchaban al mismo tiempo que las oraciones de los moribundos.

Y la remolienda seguía in crescendo; ya no existía disciplina; ya no se conocían ni entre ellos. Una botella para vaciarla, una mujer, viva o muerta, una lata de kerosene para incendiar los palacios de Chorrillos, eran disputados a bala o a corvo.

No se cansaban de matar, cuando ya no había cholos peruanos, ni bachiches, ni gringos, se mataban entre sí, se quemaban como ratas.

El rancho, o mejor dicho el palacio que, en la calle del Tren, posee la familia Pflücker fue el teatro de espantosas escenas. Algo muy codiciable debieron encontrar ahí los rotos puesto que, como fieras, se disputaron el botín. Se dividieron en dos bandas y la más numerosa arrojó afuera a la menor. Pero ésta buscó refuerzo, y ya fuerte, atacó la casa, trabándose un serio combate entre chilenos; pero viendo los asaltantes que sus paisanos no cedían, resolvieron incendiar el rancho, y así se realizó, puesto que en pocos instantes las llamas rodearon a los que estaban dentro.

Trataron éstos de salir, pero se les recibió a balazos, se les cazaba, apenas asomaban la cabeza.

Un jefe chileno, un sargento mayor, llegó a tales momentos y al presenciar lo que pasaba creyó que sus soldados sufrían un error. No comprendía que entre chilenos se matasen.

– Niños, les gritó, lanzando su caballo entre los asaltantes, miren que los de la casa son chilenos. No hagan fuego, déjenlos salir.

– Mi jiefe, le contestó uno, déjenos no má que pa eso somos tantos.

El mayor chileno dio órdenes de suspender los fuegos.

– Mire, señor patroncito, váyase no má – le repusieron en son de amenaza.

Pero el jefe chileno quería imponerse y llevar al orden a sus soldados. Estos montaron en cólera.

– Mire el futre, le dijeron, ya pué abrirse a lo largo.

Y lanzando una palabra peculiar del chileno, uno de ellos hizo fuego sobre el sargento mayor, matándolo en el acto.

Los de la casa fueron todos quemados vivos. Eran chilenos contra chilenos.

¿Para qué seguir relatando más? Cansa el espíritu, lo enferma el recuerdo de tales hechos.

El desorden de los chilenos intimidó a generales, a los jefes y oficiales. Se vieron impotentes para tal desmoralización, se encontraron amenazados de muerte por su mismo ejército.

El jefe u oficial que intentara contener a sus soldados, era victimado sin compasión. Había que dejarles que incendiaran el último rancho, que se consumiera la última botella de licor.

La Reserva que fuera de Chorrillos tenían los chilenos, también se desbandaba. No podían los rotos permanecer arma al brazo cuando tan cerca tenían la remolienda, es decir, el saqueo, el incendio y el licor. Los centinelas abandonaban sus puestos.

El ejército chileno no existía. Era una manada de fieras embrutecidas que rodaban por el suelo como odres llenos de alcohol.

Por la noche, las llamas subían al cielo, rugían, lo devoraban todo. La gran hoguera alumbraba las más espantosas escenas que recuerda la historia de América.

Y allá, en Miraflores, doce mil hombres armados, valientes y resueltos, esperando una orden, animados del deseo de combatir, enfurecidos con el espectáculo del mundo de ese Chorrillos que tanto amaban, en donde se habían anidado sus ilusiones de juventud, de amor y de sueños de gloria.

Allá en ese Miraflores, doce mil hombres que amaban a la Patria, que tenían a sus espaldas, hogares que defender, afecciones sagradas que salvar; doce mil hombres que lanzadas sobre Chorrillos no hubieran tenido que hacer otra cosa que aplastar con las culatas de sus rifles los cráneos de veinte mil borrachos...

Obra citada

Valle Riestra, Víctor Miguel. 1919. ¿Cómo fue aquello?  13 de enero de 1881. Lima. 

Enero 7, 2012

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11
ene

"New York Times" informa sobre masacre chilena de los trece bomberos italianos.- Diario da cuenta de la carnicería y devastación efectuados por los criminales de guerra chilenos en Chorrillos

Escribe: César Vásquez Bazán

Calle Lima en Chorrillos, reducida a escombros por las bestias chilenas en enero de 1881

El 2 de marzo de 1881 el New York Times” informó sobre la masacre chilena de los trece bomberos italianos de la Bomba Garibaldi de Chorrillos

La nota del New York Times traducida al español


Algún día un sentimiento similar recorrerá todo el mundo cuando los embajadores extranjeros publiquen informes autenticados del número de sus conciudadanos que fueron bárbaramente asesinados en Chorrillos, Barranco y Miraflores. Los chilenos están intentando paliar el asesinato de italianos afirmando que encontraron a muchos de ellos con gorras que decían Garibaldi”, lo que los llevó a creer que pertenecían al Ejército [peruano]. Esto, sin embargo, no es excusa, desde el momento que su General había sido informado que todos los extranjeros llevaban placas distintivas de una clase u de otra, y que sus propiedades habían sido marcadas de acuerdo con los planes, los que también fueron enviados al general Baquedano. Sólo una visita a Chorrillos los primeros días [después de la batalla] puede proporcionar una idea de las escenas que debieron tener lugar cuando estuvo en manos de la soldadesca embriagada, de la misma manera que sólo una visita a los campos de batalla puede infundir la convicción que los heridos fueron asesinados dondequiera que fueron encontrados”.

El asesinato de los heroicos bomberos italianos que luchaban contra el incendio de Chorrillos al día siguiente de la Batalla de San Juan causó indignación en el país y en el cuerpo diplomático extranjero acreditado en el Perú. 

Además, los embajadores de las naciones europeas denunciaron la matanza de extranjeros y el saqueo de sus propiedades. El New York Times recogió la protesta por el “bárbaro asesinato de numerosos extranjeros” cometido por los criminales de guerra chilenos en Chorrillos, Barranco y Miraflores.

El New York Times también reportó la devastación y saqueo de Chorrillos y el repase de heridos por las alcoholizadas bestias chilenas. El texto del periódico estadounidense es el siguiente: “Sólo una visita a Chorrillos durante los días [posteriores] puede proporcionar una idea de las escenas que deben haberse producido cuando [Chorrillos] cayó en manos de la soldadesca ebria, de la misma manera que sólo una visita a los campos de batalla puede transmitir el convencimiento que los heridos fueron asesinados donde quiera que fueron encontrados.”

Peruano: Nunca olvides los asesinatos y otros crímenes de guerra cometidos por nuestros vecinos del sur para apoderarse de Tarapacá y Arica.

Chileno: Toma conciencia de los asesinatos y crímenes de guerra perpetrados por tus compatriotas durante la Guerra del Salitre.

© César Vásquez Bazán, 2011
Diciembre 31, 2011        
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11
ene

Espía chileno Holger Birkedal describe el Holocausto de Chorrillos.- "La atmósfera adquirió el olor de los cuerpos quemándose y de la sangre caliente, y el olor de la pólvora y el humo provenientes de las casas que se incendiaban…"

Escribe: César Vásquez Bazán
El Malecón de Chorrillos destruido por las bestias genocidas chilenas


Entre enero de 1884 y marzo de 1885, el espía chileno de nacionalidad danesa Holger Birkedal (*) escribió en la revista estadounidense The Overland Monthly una serie de siete artículos sobre la Guerra del Salitre. Su título fue The Late War in South America (La última guerra en Sudamérica).

En los artículos, mañosamente, el espía Birkedal calló su condición de sargento mayor de ingenieros del ejército de Chile y se presentó como observador imparcial del conflicto. Como es de suponer, las contribuciones del danés fueron de índole propagandística en favor de Chile.

En el sexto de estos artículos, el espía Birkedal informó sobre la batalla de San Juan y el Holocausto de Chorrillos. Por supuesto, en tanto publicista chileno, el danés no escribió una palabra sobre las acciones del ejército invasor en Chorrillos después de las dos de la tarde del 13 de enero de 1881. Por ello, no encontrará usted en el artículo ninguna mención de los asesinatos y saqueo ejecutados por los invasores del sur y que han sido reconocidos por los propios chilenos. En cambio si existe una breve descripción de la carnicería e incendio de Chorrillos, la que por provenir de un militar al servicio de Chile vale la pena leer:

“Mientras tanto, las llamas continuaron su curso destructivo. Nadie trataba de combatir el fuego: esto sólo podía hacerse a riesgo de ser sepultado bajo las ruinas que se desplomaban… En forma indescriptible, la atmósfera adquirió el olor de los cuerpos quemándose y de la sangre caliente, y el olor de la pólvora y el humo provenientes de las casas que se incendiaban. Los oficiales que cabalgaban en las calles lo hacían literalmente sobre un lodo conformado por carne humana mezclada con fragmentos de todo tipo, ante el cual los caballos retrocedían, se quejaban y aterrorizaban…

Chorrillos estuvo ardiendo toda la tarde. Al amanecer, el tinte rojizo de las llamas proporcionó una extraña reflexión de este horrible retrato de muerte y destrucción. Sólo tres casas escaparon del fuego. Del bello balneario de verano quedó únicamente un humeante montón de vigas y piedras”.

Debe advertirse el intento de desinformación hecho por Birkedal al afirmar que nadie intentó combatir el fuego. El alegato es falso pues es conocido el caso de los trece bomberos de la Bomba Garibaldi que fueron asesinados por los genocidas chilenos precisamente por combatir el fuego en Chorrillos.

Sin embargo, es importante tomar nota del reconocimiento que hizo el espía Birkedal del Holocausto humano que Chile ejecutó en Chorrillos y de la devastación que significó que “sólo tres casas escaparan de las llamas”. A ese Holocausto contribuyeron grandemente las actividades encubiertas del espía chileno Holger Birkedal, acciones que han sido expuestas en nuestro artículo Danés Holger Birkedal, espía chileno.- Infiltrado en Lima, en octubre de 1880, informó a los chilenos sobre defensas y armamento de la capital.- Contribuyó al genocidio de San Juan y Miraflores y a la destrucción de Lima.- Desleal extranjero trabajó en Perú entre 1870 y 1876. 

Notas

(*) Holger Birkedal fue un espía de nacionalidad danesa al servicio del ejército de Chile. Con su actividad encubierta en Lima en 1880, Birkedal contribuyó a la caída de la capital peruana, al genocidio de sus defensores, y al saqueo y destrucción de Chorrillos.

Birkedal trabajó en el Perú entre 1870 y 1876 como ingeniero en el trazado de ferrocarriles. Se sabe que los últimos dos años se sintió maltratado por algunos ricachones de la “alta sociedad” limeña. Por ese motivo, en 1876 emigró a Chile. En agosto de 1880 se puso al servicio del ejército expedicionario invasor en el que fue nombrado sargento mayor de ingenieros.

Entre agosto y octubre de 1880 el ingeniero Birkedal regresó a Lima con la coartada de “buscar trabajo”, haciendo valer su condición de ciudadano danés y por ende neutral en la Guerra del Salitre. Mediante observación directa, obtuvo los datos sobre las defensas, fuerzas militares, líneas de dinamita, armamento y baterías de Lima y sus alrededores. Contó con la cooperación de un ingenuo mayor del ejército peruano y de un industrial noruego. La actividad de espionaje del danés Birkedal también incluyó información sobre las cargas explosivas ancladas en Chorrillos y sobre las actividades de las lanchas torpederas peruanas.

El lector se preguntará porqué un extranjero que vivió y trabajó en el Perú entre 1870 y 1876 pudo servir como espía de Chile y hacer tanto daño al país que lo había albergado por más de un quinquenio. Lo único que se sabe es que mientras residió en el Perú, Holger Birkedal sufrió un “profundo desengaño en sus tratos con algunas personas de la alta sociedad de Lima” (Cannobbio 1903, 666). Por ese despecho, cuya naturaleza se desconoce, Birkedal decidió dejar el Perú, emigrar a Chile y, en agosto de 1880, comenzar a operar como espía chileno.

El Nuevo Ferrocarril de Valparaíso (1982, 240-241) informó detalladamente sobre las actividades del espía danés. Editaba ese diario el político chileno Benjamín Vicuña Mackenna.

Obras citadas

Birkedal, Holger. Febrero de 1885. The Late War in South America, Sexta Parte: “La Batalla de San Juan y Chorrillos, 13 de enero de 1881”. En The Overland Monthly, Volumen V, Segunda Serie, Número 26, página 119. San Francisco: Samuel Carson Publisher.

Cannobbio G., Agustín. 1903.  Holger Birkedal. En “Chile Moderno”, Revista Mensual, editada por Juan Enrique O’Ryan. Valparaíso, Tomo I, número 1, páginas 660-696.

El Nuevo Ferrocarril. 1982. Misión a Lima del ingeniero Holger Birkedal por cuenta del Gobierno de Chile. En “Guerra del Pacífico”, editada por Pascual Ahumada. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello, Tomos V y VI, páginas 240-241.

© César Vásquez Bazán, 2012
Enero 7, 2012

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11
ene

Teresa González de Fanning y sus reminiscencias del Holocausto de Chorrillos.- "Esas hordas famélicas [chilenas], ebrias de sangre y vino, cogen la tea del incendio, y trabajan en su obra de destrucción hasta caer rendidas sobre los cadáveres de sus víctimas"

Escribe: Teresa González de Fanning
Teresa González de Fanning, maestra y escritora peruana (1836-1918)

Dios y la Patria
(Reminiscencias)

V

Fuente


González de Fanning, Teresa [María de la Luz]. 1893. Lucecitas. Madrid: Imprenta de Ricardo Fe, pp. 126-129.

Enero 9, 2013

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11
ene

La masacre chilena de los trece bomberos italianos de Chorrillos.- Criminales de guerra del país del sur asesinaron a los mártires el 14 de enero de 1881, un día después de la batalla de San Juan

Escribe: César Vásquez Bazán
Bomberos italianos de la Bomba Garibaldi de Chorrillos

“Hermanos y compañeros nuestros fueron Chiappe, Pale, Descalzi, Leonardi, Astrana, Bargna, Cippolini, Marzano, Nerini, Ognio, Orengo, Risso y Valentini, víctimas de su heroísmo y de la salvaje ferocidad de las turbas vencedoras. Yo siento ahora mismo su aliento en medio de nosotros. Aquí nos acompañan varios sobrevivientes de esa bárbara hecatombe, que la memoria no olvidará jamás y que el corazón siente aún con la intensidad del primer momento.

Esas sombras queridas estarán siempre a nuestro lado; su ejemplo nos servirá de estimulo, su recuerdo nos alentará, su fe hará que la nuestra no desfallezca nunca y su sangre será proficua y fecunda, porque la tierra regada con sangre de mártires, produce mártires y héroes.”

Del discurso leído por don Ulderico Tenderini, Comandante reelecto de la Heroica, Benemérita y Centenaria Compañía de Bomberos Italiana Garibaldi Nº 6 de Chorrillos
Sesión de Reinstalación, 13 de febrero de 1893

La mañana del 14 de enero de 1881, un día después de la derrota peruana en la Batalla de San Juan, trece bomberos de nacionalidad italiana, pertenecientes a la Bomba Garibaldi de Chorrillos, fueron cobardemente asesinados por los criminales de guerra chilenos.

Los mártires italianos se encontraban combatiendo el fuego producido en Chorrillos por los bombardeos de los genocidas del sur. Las llamas consumían la tienda de su compatriota Queirolo, incendio que se había propagado a toda la manzana.

El primero en caer asesinado fue el bombero Giovanni Ognio a quien las cobardes bestias chilenas le partieron el cráneo con un golpe de sable. Cayó después el adolescente Luca Chiappe, acribillado a balazos por dos sargentos del Buín, quienes le dispararon todas las balas que tenían en sus fusiles. Los asesinatos chilenos continuaron con el degollamiento de los bomberos italianos Angelo Cipollini, Gio Batta Leonardi y Enrico Nerini. Obligados por la fuerza a arrojar la manguera que usaban para apagar el incendio, sufrieron los efectos del humo originado por la ruptura de la manga sobre el fuego. Asfixiados, se llevaron las manos a los ojos y no vieron los cuchillos corvos que los genocidas chilenos hundieron en sus gargantas.
Telegrama de los genocidas chilenos informando acerca del exterminio de la Bomba Garibaldi de Chorrillos (Ahumada 1888, V: 103). 

Los criminales de guerra chilenos rodearon a los bomberos italianos sobrevivientes, se les arrojaron encima, destrozaron rabiosamente su equipo y, apuntándoles con los fusiles con las bayonetas caladas, los tomaron prisioneros. Los genocidas recogieron lo que quedaba del equipo de los bomberos y lo entregaron al coronel invasor Fuenzalida. Acusaron a sus víctimas de alta traición y de formar parte de un equipo de francotiradores “garibaldinos”.

Los bomberos que quedaron cautivos de las bestias chilenas fueron Angelo Descalzi, Guiseppe Orengo, Egidio Valentini, Lorenzo Astrana, Paolo Marzano, Paolo Risso, Giovanni Pale y Filippo Bargna. A pesar de haber reiterado que cumplían función como bomberos y que no portaban armas, fueron fusilados la mañana del 14 de enero del 1881, tras las puertas del antiguo Panteón de Chorrillos. Previamente, los ocho mártires italianos fueron torturados. Oficiales de caballería llegados de Monterrico, sin saber ni preguntar nada, los golpearon y luego los ataron a las colas de sus caballos, arrastrándolos frente al criminal de guerra Patricio Lynch.


Corresponsales de guerra chilenos motejaron como “mercenarios”  a los asesinados miembros de la Bomba Garibaldi de Chorrillos (Vargas 1979,  957).

Días después, los peruanos Adolfo Sánchez, Polo Menéndez y José Donaire desenterraron de entre los escombros y muladares los despojos de los trece mártires italianos. Los restos de los valerosos bomberos descansan hoy en el Cementerio de Surco.


Fuentes chilenas

Ahumada, Pascual, editor. 1888. Guerra del Pacífico. Tomo V. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello.

Vargas, Moisés editor, Ministerio de Guerra de la República de Chile. 1979. Boletín de la Guerra del Pacífico 1879-1881. Santiago: Editorial Andrés Bello. 

Mausoleo en el Cementerio de Surco de los Trece Mártires Italianos de la Bomba Garibaldi de Chorrillos. 
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Peruano: Nunca olvides los crímenes de guerra cometidos en Chorrillos por nuestros vecinos del sur.

Chileno: Toma conciencia de los crímenes de guerra perpetrados por tus compatriotas durante la Guerra del Salitre.

© César Vásquez Bazán, 2011
Diciembre 31, 2011    
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Honor y Gloria a los Heroicos Defensores de Lima en 1881.- 133 Aniversario de la Batalla de San Juan: 13 de enero de 1881 – 13 de enero de 2014.- Viva el Perú!

Campo de batalla en las cercanías de Chorrillos

Cañón Parrot de 100 libras que defendió el Morro Solar de Chorrillos y fue destruido por los chilenos días después de la batalla. La fotografía muestra el cañón con la boca clavada en el piso pero eso tiene su explicación: a la hora de volar el cañón, el culote se desprendió, ocasionando una pérdida del punto de equilibro, yéndose hacia adelante el ánima del cañón (Colaboración del Sr. Juan Carlos Flórez Granda).

Morro Solar de Chorrillos visto desde Miraflores

Campo de batalla de San Juan

Enero 12, 2012