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9
ago

Crímenes chilenos contra la humanidad en la Guerra del Salitre y la violación del artículo sexto de la Convención de Ginebra de 1864.- El repaso de heridos peruanos y bolivianos

Escribe: César Vásquez Bazán
El repaso, cuadro de Ramón Muñiz que se conserva en el Museo del Real Felipe, Callao, Perú.


El procedimiento del repaso fue practicado por la soldadesca de la República de Chile en cumplimiento de las órdenes de su comando. Consistía en ultimar a los heridos peruanos y bolivianos a la terminación de los combates. El asesinato era cometido con el cuchillo de la bayoneta o con el denominado corvo, puñal para degollar que utilizaba el ejército del país del sur.

El corresponsal de El Mercurio de Valparaíso, señor Eloy T. Caviedes,  describió el crimen del repaso en los siguientes términos: "Los soldados chilenos son por instinto feroces y carniceros; no se satisfacen con ver muertos a sus enemigos; creen que se hacen los muertos, y para dejar bien muertos a los muertos, terminada la batalla recorren el campo, y ultiman a los heridos... A este acto de barbarie casi increíble, le dan el nombre de repaso (merienda) y de ello se jactan..." (Paz Soldán 1884, 477). 

El repaso es uno de los crímenes cometidos por Chile en la guerra que declaró al Perú el 5 de abril de 1879. A pesar que el 28 de junio de 1879 el Presidente Aníbal Pinto y el Ministro de Justicia Jorge Huneeus firmaron la adhesión del Gobierno de Chile a la Convención de Ginebra de 1864, con la ejecución de repasos después de los combates el ejército chileno violó permanentemente dicho Convenio, en especial su artículo sexto que establece que "los militares heridos o enfermos serán recogidos y cuidados, sea cual fuere la nación a que pertenezcan". Es por esa razón que los peruanos califican a los miembros del ejército chileno como criminales de guerra.



Convenio de Ginebra del 22 de agosto de 1864 para el mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña

En 1864, el Consejo Federal suizo reunió una Conferencia Diplomática en Ginebra, en la cual participaron delegados plenipotenciarios de dieciséis países, que redactaron el "Convenio de Ginebra para mejorar la suerte que corren los militares heridos de los ejércitos en campaña", firmado el 22 de agosto del mismo año y ratificado en el transcurso de los años siguientes por la casi totalidad de los Estados.

Artículo 1


Las ambulancias y los hospitales militares serán reconocidos neutrales, y, como tales, protegidos y respetados por los beligerantes mientras haya en ellos enfermos o heridos.


La neutralidad cesará si estas ambulancias u hospitales estuviesen guardados por una fuerza militar.


Artículo 2


El personal de los hospitales y de las ambulancias, incluso la intendencia, los servicios de sanidad, de administración, de transporte de heridos, así como los capellanes, participarán del beneficio de la neutralidad cuando ejerzan sus funciones y mientras haya heridos que recoger o socorrer.


Artículo 3


Las personas designadas en el artículo anterior podrán, aun después de la ocupación por el enemigo, continuar ejerciendo sus funciones en el hospital o ambulancia en que sirvan, o retirarse para incorporarse al cuerpo a que pertenezcan.


En este caso, cuando estas personas cesen en sus funciones serán entregadas a los puestos avanzados del enemigo, quedando la entrega al cuidado del ejército de ocupación.


Artículo 4


Como el material de los hospitales militares queda sujeto a las leyes de guerra, las personas agregadas a estos hospitales no podrán al retirarse llevar consigo más que los objetos que sean de su propiedad particular.


En las mismas circunstancias, por el contrario, la ambulancia conservará su material.


Artículo 5


Los habitantes del país que presten socorro a los heridos serán respetados y permanecerán libres.


Los generales de las Potencias beligerantes tendrán la misión de advertir a los habitantes del llamamiento hecho a su humanidad y de la neutralidad que resultará de ello.


Todo herido recogido y cuidado en una casa servirá de salvaguardia a la misma. El habitante que hubiere recogido heridos en su casa estará dispensado del alojamiento de tropas, así como una parte de las contribuciones de guerra que se impusieran.


Artículo 6


Los militares heridos o enfermos serán recogidos y cuidados, sea cual fuere la nación a que pertenezcan.


Los comandantes en jefe tendrán la facultad de entregar inmediatamente a las avanzadas enemigas a los militares enemigos heridos durante el combate cuando las circunstancias lo permitan y con el consentimiento de las dos partes. Serán enviados a su país los que, después de curados, fueren reconocidos inútiles para el servicio.


También podrán ser enviados los demás a condición de no volver a tomar las armas mientras dure la guerra.


Las evacuaciones, con el personal que las dirija, serán protegidas por una neutralidad absoluta.


Artículo 7


Se adoptará una bandera distintiva y uniforme para los hospitales, las ambulancias y evacuaciones que, en todo caso irá acompañada de la bandera nacional.


También se admitirá un brazal para el personal considerado neutral; pero la entrega de este distintivo será de la competencia de las autoridades militares.


La bandera y el brazal llevarán cruz roja en fondo blanco.


Artículo 8


Los comandantes en jefe de los ejércitos beligerantes fijarán los detalles de ejecución del presente Convenio, según las instrucciones de sus respectivos Gobiernos y conforme a los principios generales enunciados en el mismo.


Artículo 9


Las Altas Partes Contratantes han acordado comunicar el presente Convenio a los Gobiernos que no han podido enviar plenipotenciarios a la Conferencia Internacional de Ginebra, invitándoles a adherirse a él, para lo cual queda abierto el protocolo.

Artículo 10

El presente Convenio será ratificado y las ratificaciones serán canjeadas en Berna en el espacio de cuatro meses o antes si fuese posible.

En fe de lo cual, los plenipotenciarios respectivos lo han firmado y han puesto en él el sello de sus armas.

Hecho en Ginebra el día veintidós del mes de agosto del año mil ochocientos sesenta y cuatro.

Obras citadas

Comité Internacional de la Cruz Roja. 1864. Convención de Ginebra de 1864.

Paz Soldán, Mariano Felipe. 1884. Narración histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. Buenos Aires: Imprenta y Librería de Mayo.

© César Vásquez Bazán, 2012
Septiembre 15, 2012

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9
ago

Convenciones de Ginebra de 1864 y 1868 para mejorar la condición de los militares heridos en campaña.- Chile no respetó estos acuerdos internacionales, como lo prueban la criminal práctica del "repase" y las órdenes de no tomar prisioneros.- Convenciones de Ginebra permiten tipificar los crímenes contra la humanidad cometidos por Chile en la Guerra del Salitre (1879-1884)

Suscripción de la primera Convención de Ginebra
22 de agosto de 1864

Adhesión del Perú a la Convención de Ginebra del 20 de octubre de 1868 
El documento está fechado 2 de mayo de 1879 y lleva las firmas del presidente Mariano Ignacio Prado y de Mariano Felipe Paz Soldán, Ministro de Relaciones Exteriores.

Adhesión del Perú a la Convención de Ginebra del 20 de octubre de 1868
El documento está fechado 4 de junio de 1879 y lleva la firma de Manuel Yrigoyen, Ministro de Relaciones Exteriores del Perú.

 
Convención de Ginebra del 20 de octubre de 1868 
Incluye la Convención de Ginebra de 1864 y artículos adicionales referentes a la marina. Por incluir estas últimas disposiciones, la Convención de Ginebra de 1868 es más amplia que la de 1864.


Adhesión de Chile a la Convención de Ginebra del 22 de agosto de 1864
Firma el documento el presidente Aníbal Pinto y el Ministro de Justicia de Chile Jorge Huneeus. A pesar de esta adhesión, Chile violó permanentemente la Convención. En especial, hizo caso omiso de los artículos 1, 2, 5 y 6. 

El Ministro de Guerra chileno Cornelio Saavedra recomienda la adhesión de Chile a la Convención de Ginebra del 22 de agosto de 1864


Convención de Ginebra del 22 de agosto de 1864 
Para el mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña 

En 1864, el Consejo Federal suizo reunió una Conferencia Diplomática en Ginebra, en la cual participaron delegados plenipotenciarios de dieciséis países, que redactaron el "Convenio de Ginebra para mejorar la suerte que corren los militares heridos de los ejércitos en campaña", firmado el 22 de agosto del mismo año y ratificado en el transcurso de los años siguientes por la casi totalidad de los Estados.

Artículo 1

Las ambulancias y los hospitales militares serán reconocidos neutrales, y, como tales, protegidos y respetados por los beligerantes mientras haya en ellos enfermos o heridos.

La neutralidad cesará si estas ambulancias u hospitales estuviesen guardados por una fuerza militar.

Artículo 2

El personal de los hospitales y de las ambulancias, incluso la intendencia, los servicios de sanidad, de administración, de transporte de heridos, así como los capellanes, participarán del beneficio de la neutralidad cuando ejerzan sus funciones y mientras haya heridos que recoger o socorrer.

Artículo 3

Las personas designadas en el artículo anterior podrán, aun después de la ocupación por el enemigo, continuar ejerciendo sus funciones en el hospital o ambulancia en que sirvan, o retirarse para incorporarse al cuerpo a que pertenezcan.

En este caso, cuando estas personas cesen en sus funciones serán entregadas a los puestos avanzados del enemigo, quedando la entrega al cuidado del ejército de ocupación.

Artículo 4

Como el material de los hospitales militares queda sujeto a las leyes de guerra, las personas agregadas a estos hospitales no podrán al retirarse llevar consigo más que los objetos que sean de su propiedad particular.

En las mismas circunstancias, por el contrario, la ambulancia conservará su material.


Artículo 5

Los habitantes del país que presten socorro a los heridos serán respetados y permanecerán libres.

Los generales de las Potencias beligerantes tendrán la misión de advertir a los habitantes del llamamiento hecho a su humanidad y de la neutralidad que resultará de ello.

Todo herido recogido y cuidado en una casa servirá de salvaguardia a la misma. El habitante que hubiere recogido heridos en su casa estará dispensado del alojamiento de tropas, así como de una parte de las contribuciones de guerra que se impusieran.

Artículo 6

Los militares heridos o enfermos serán recogidos y cuidados, sea cual fuere la nación a que pertenezcan.

Los comandantes en jefe tendrán la facultad de entregar inmediatamente a las avanzadas enemigas a los militares enemigos heridos durante el combate cuando las circunstancias lo permitan y con el consentimiento de las dos partes. Serán enviados a su país los que, después de curados, fueren reconocidos inútiles para el servicio.

También podrán ser enviados los demás, a condición de no volver a tomar las armas mientras dure la guerra.

Las evacuaciones, con el personal que las dirija, serán protegidas por una neutralidad absoluta.

Artículo 7

Se adoptará una bandera distintiva y uniforme para los hospitales, las ambulancias y evacuaciones que, en todo caso irá acompañada de la bandera nacional.

También se admitirá un brazal para el personal considerado neutral; pero la entrega de este distintivo será de la competencia de las autoridades militares.

La bandera y el brazal llevarán cruz roja en fondo blanco.

Artículo 8

Los comandantes en jefe de los ejércitos beligerantes fijarán los detalles de ejecución del presente Convenio, según las instrucciones de sus respectivos Gobiernos y conforme a los principios generales enunciados en el mismo.

Artículo 9

Las Altas Partes Contratantes han acordado comunicar el presente Convenio a los Gobiernos que no han podido enviar plenipotenciarios a la Conferencia Internacional de Ginebra, invitándoles a adherirse a él, para lo cual queda abierto el protocolo.

Artículo 10

El presente Convenio será ratificado y las ratificaciones serán canjeadas en Berna en el espacio de cuatro meses o antes si fuese posible.

En fe de lo cual, los plenipotenciarios respectivos lo han firmado y han puesto en él el sello de sus armas.

Hecho en Ginebra el día veintidós del mes de agosto del año mil ochocientos sesenta y cuatro.


Obras consultadas

De Negrín, Ignacio. 1888. Tratado de Derecho Internacional Marítimo. Madrid: Viuda e Hijos de Abienzo, Impresores, pp. 463-467.


Varas, José Antonio, ed. 1884. Recopilación de leyes, órdenes y decretos supremos concernientes al ejército, desde enero de 1878 a fin de 1883. Santiago de Chile: Imprenta de R. Varela, pp. 142-144, 164.

© César Vásquez Bazán, 2012
Febrero 4, 2012
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22
may

La masacre de los náufragos peruanos de la fragata Independencia.- La barbarie chilena en el combate de Iquique el 21 de mayo de 1879.- El criminal de guerra chileno Carlos Condell

Escribe: César Vásquez Bazán
La fragata peruana “Independencia” encallada frente a Punta Gruesa, Iquique, el 21 de mayo de 1879. A la izquierda aparece la goleta chilena “Covadonga” desde la que se cañoneó, ametralló y efectuaron descargas de fusilería contra los náufragos peruanos.

Capitán de Navío Juan Guillermo Moore, comandante de la fragata Independencia

“Los militares heridos o enfermos serán recogidos y cuidados, 
sea cual fuere la nación a que pertenezcan”.
Convenio de Ginebra del 22 de agosto de 1864 para el mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña, artículo 6

El principal crimen de guerra cometido por Chile contra el Perú y Bolivia durante la Guerra del Salitre, entre 1879 y 1884, fue el asesinato, tortura, tratamiento inhumano y maltrato de heridos, náufragos, prisioneros de guerra y población civil de los territorios ocupados.

Las acciones de aniquilamiento cumplidas por los militares chilenos no constituyeron hechos aislados o casuales. En la historia del conflicto han quedado registradas las atrocidades cometidas por los invasores del sur, por lo que éstas deben  considerarse como expresión de una política deliberada y sistemática.

En esta breve nota se tratará uno de los primeros casos de barbarie chilena contra combatientes peruanos. Se trata de la masacre de los náufragos de la fragata Independencia, blindado que encalló durante el combate de Iquique, frente a Punta Gruesa, el 21 de mayo de 1879. Tras hacer agua, la dotación de la Independenciase vio progresivamente imposibilitada de usar sus cañones y armamento. Al agravarse la situación de la fragata, la mayoría de sus más de trescientos tripulantes se lanzaron al mar para tratar de alcanzar la costa a nado o en botes.

Al constatar el estado de la nave peruana, la Covadongadetuvo su huída y regresó a la escena del combate. Cumpliendo órdenes del en ese entonces capitán de corbeta Carlos Condell de la Haza, la goleta chilena cañoneó, ametralló y descargó su fusilería por más de cuarenta minutos sobre los náufragos de la Independencia cuando éstos no tenían armas ni posibilidad de defenderse.

Testimonios sobre la masacre

Existen diversos testimonios de origen chileno y peruano que documentan la masacre de los náufragos de la Independencia.

Entre los testimonios chilenos pueden citarse los proporcionados por el historiador Benjamín Vicuña Mackenna, el diario El Mercurio de Valparaíso y el comandante en jefe de la escuadra sureña, Juan Williams Rebolledo.

En el campo peruano debe mencionarse la relación hecha por testigos presenciales del combate entre la Independencia y la Covadonga.Entre ellos, aparece el nombre de Modesto Molina,  redactor del diario El Comercio de Iquique, y Benito Neto, corresponsal del diario La Patria de Lima. Asimismo, es importante considerar la exposición del marino Fortunato Salaverry, oficial de señales de la Independencia, y la descripción proporcionada por historiadores como Mariano Felipe Paz Soldán y Jorge Basadre.

Testimonios chilenos sobre la masacre

Benjamín Vicuña Mackenna
(Vicuña 1879, 438-439)

En su obra Episodios marítimos: Las dos Esmeraldas, Vicuña Mackenna reconoció que los dirigidos por Condell efectuaron descargas de fusilería en contra de los indefensos marinos peruanos que nadaban tratando de salvarse del naufragio de la Independencia. Sin embargo, trató de restar importancia al incidente, atribuyéndolo al furor de la contienda, a la falta de control de algunos pocos marineros chilenos y al hecho que los náufragos peruanos no se habían rendido. El historiador chileno  escribió:

“Fue dolor, sin embargo, que… se sintiesen a bordo de la goleta victoriosa algunos disparos de rifle, hechos por marineros bravíos cebados en la batalla por la fiebre del combate.

Y sin embargo que estos hechos han pasado así, con tan natural llaneza, grande e incomprensible ha sido la alharaca de los vencidos… [que] han acusado de asesinos a los que dispararon sobre hombres no rendidos.


La masacre de los marineros de la Independencia” en versión de Benjamín Vicuña Mackenna. Según el historiador chileno, el hecho sólo involucró algunos disparos de rifle de la goleta victoriosa”.


Vicuña Mackenna intentó justificar “los disparos de rifle de la goleta victoriosa” aduciendo que los marineros de la Independencia” no se habían rendido.

El Mercurio (Valparaíso)
(Citado en Caivano 1904, 241)


El segundo testimonio chileno proviene del periódico El Mercurio de Valparaíso, edición del 4 de junio de 1879. El diario relata los hechos de la siguiente manera: “Eran las 12.45 p.m. y todo había concluido. La Independenciase recostaba por estribor, su gente caía al agua, sus botes se volcaban, la fusilería de la Covadonga hacía destrozos”.

Juan Williams Rebolledo
(Ahumada 1888, 12)


El tercer testimonio chileno fue proporcionado por Juan Williams Rebolledo, comandante en jefe de la escuadra chilena. El dos de junio de 1879, Williams redactó su parte 194 sobre el combate de Iquique. En él describió que “Las bajas del Covadonga se ignoran, lo mismo que las del Huáscare Independencia, pero se cree que hayan sido muchas las de este último buque, pues ayer todavía hemos visto flotando sobre las aguas algunos cadáveres cerca de Punta Gruesa”.

El relato del comandante de la escuadra del sur proporciona una idea de la magnitud de la masacre teniendo en cuenta que once días después del combate aún flotaban frente a Iquique los cuerpos sin vida de los marinos de la Independencia. A pesar que Williams se encontraba en el blindado Blanco Encalada, al ancla en Iquique, los cadáveres de los náufragos peruanos no fueron recogidos ni por esa ni por ninguna nave chilena. Williams demostró así tener similar actitud a la de Condell, quien tampoco se preocupó de auxiliar a los náufragos de la Independenciacuando nadaban por sus vidas. Mientras Grau recogió a los sobrevivientes de la Esmeralda y los entregó como prisioneros en Iquique, el capitán chileno no auxilió a ningún náufrago peruano. El informe de Condell dando cuenta del combate de Iquique no menciona haber tomado prisionero peruano alguno.


El Parte 194 de Juan Williams Rebolledo, comandante en jefe de la escuadra chilena, en que menciona los cadáveres de marineros peruanos flotando frente a Iquique once días después del combate.


Testimonios peruanos sobre la masacre

Modesto Molina
(Vicuña 1879, CLXXIII, documento 25-I)

El primero de los testimonios peruanos fue provisto por Modesto Molina, quien presenció el combate como redactor del diario El Comercio de Iquique. Molina escribió: “Luego que el Huáscar tomó a los prisioneros que, en número de cerca de cuarenta, pudieron salvarse, se dirigió al sur en persecución de la Covadonga y en auxilio del blindado. Cuando ésta vio a nuestro monitor, cesó en la infame tarea de asesinar náufragos, y tomó la fuga” 

Benito Neto
(Vicuña 1879, CLXXX, documento 25-II) 

Benito Neto, corresponsal del diario La Patria de Lima también fue testigo presencial de la matanza. El 23 de mayo de 1879, escribiendo desde Iquique, Neto relató la masacre en los siguientes términos:

“Mientras que los náufragos de la Esmeraldarecibían de parte de nuestros marinos todo género de socorros y de consideraciones, los de la Independenciaeran cobardemente asesinados por los chilenos.

He ahí, en dos episodios daguerreotipados el carácter, la índole de dos pueblos.

El uno altivo, caballeresco y humano; el otro alevoso, rastrero y cobarde.

¡Miserables!”

Fortunato Salaverry
(Vicuña 1879, CXCVIII y CXCIX, documento 28)

Asimismo, debe citarse la exposición de Fortunato Salaverry, oficial de señales de la Independencia, declaración  hecha en Lima, el 11 de junio de 1879. Escribió Salaverry:

“Perdido ya el buque [la Independencia] , se izó en el trinquete una bandera a cuadros rojos y blancos en sentido diagonal, antecedida de la inteligencia del Huáscarpidiéndole socorro, la que fue arriada poco después, por ser inútil la señal, desde que nuestro monitor se encontraba como a doce millas de distancia. La bandera de la señal al Huáscar no ha podido pues equivocarse con la de parlamento, por el comandante de la Covadonga: y si por tal la tuvo ¿cómo es qué continuó haciendo fuego, por más de cuarenta minutos, sobre los tripulantes de la nave encallada que ya no se le contestaba, porque no tenían con qué; sobre los náufragos, cuya sangre hemos visto en el agua, por varias partes; y aún sobre los que ya salvos, se refugiaban en tierra y donde fue herido por una bala de rifle el practicante de medicina don Manuel Ugarte? ¿Qué puede contestar a estos hechos el señor Condell, ante su conciencia y la humanidad?… [Los marinos enemigos] estaban recreándose en fusilar a los que luchaban con las olas por salvarse”. 

Mariano Felipe Paz Soldán
(1884, 174-175) 

Los historiadores peruanos también registraron la masacre de los marinos de la Independencia. En su Narración histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia, Mariano Felipe Paz Soldán escribió:

“La Covadonga huía velozmente, al observar que la Independencia estaba inmóvil y completamente recostada, regresó, vio que la tripulación se salvaba en botes y se dirigía a la playa vecina, en donde la fuerza de tierra la esperaba para socorrerla; en esas circunstancias, Carlos Condell, comandante de la Covadonga mandó hacer fuego de cañón y de fusilería sobre los náufragos, victimándolos a mansalva y sobre seguro: contraste singular con lo que el noble Comandante del Huáscar hacía en esos mismos momentos con los náufragos de la Esmeralda, a quienes salvaba en sus propios botes; descuidando la protección a sus compañeros… Indigno y sanguinario comportamiento [el] del Comandante de la Covadonga con los náufragos de la Independencia.”

Jorge Basadre
(Basadre 1968-70, VIII: 72)

“Se llenó de agua el buque, apagáronse los fuegos y se suspendieron los calderos. La Covadonga regresó entonces para ametrallar a los náufragos. Los cañones de la Independencia contestaron aunque casi los cubría el agua; luego siguieron las ametralladoras de las cofas y los rifles y revólveres de la tripulación agolpada en la cubierta, hasta agotarse las municiones. Y a mansalva, la Covadongasiguió haciendo fuego a los tripulantes que nadaban en el mar y al buque mismo”. 

Conclusión

Como se mencionó al inicio de esta nota, el principal crimen de guerra cometido por Chile durante la Guerra del Salitre fue el asesinato deliberado y sistemático de heridos y náufragos peruanos. La masacre de los infortunados marineros de la Independencia, a la terminación del combate de Iquique, es sólo una de las primeras expresiones de la barbarie del invasor contra los combatientes peruanos. El responsable de la matanza de Punta Gruesa fue el capitán Condell, comandante de la Covadonga, quien es considerado un héroe en Chile al atribuírsele la responsabilidad del encallamiento de la Independencia. Sin embargo, un análisis más completo de sus actos tras el combate de Iquique no lo califica como un titán sino como un verdugo de centenares de hombres que, desarmados y nadando, luchaban por salvar la vida. El fusilamiento de náufragos no es propio de héroes; anuncia más bien la presencia de un criminal de guerra, que es lo que representa en el Perú el nombre del oficial de la Armada chilena Carlos Condell de la Haza.

Fuentes bibliográficas

Ahumada Moreno, Pascual. 1888. La Guerra del Pacífico. Valparaíso: Imprenta y Librería Americana, Tomo V.

Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. 6ta. ed. Lima: Editorial Universitaria, Tomo VIII.

Caivano, Tomás. 1904. Historia de la Guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia. Iquique: Librería Italiana Baghetti Hermanos.

Paz Soldán, Mariano Felipe. 1884. Narración histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. Buenos Aires: Imprenta y Librería de Mayo.

Vicuña Mackenna, Benjamín. 1879. Episodios marítimos: Las dos Esmeraldas. Santiago de Chile: Rafael Jover editor.


© César Vásquez Bazán, 2012
Mayo 22, 2012
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16
sep

Perú y Chile se adhirieron a la Convención de Ginebra de 1864.- A pesar de su adhesión, Chile violó permanentemente el Tratado de Ginebra de 1864; en especial, los artículos 1, 2, 5 y 6

Escribe: César Vásquez Bazán
Adhesión del Perú a la Convención de Ginebra del 20 de octubre de 1868. El documento está fechado 2 de mayo de 1879 y lleva las firmas del presidente Mariano Ignacio Prado y de Mariano Felipe Paz Soldán, Ministro de Relaciones Exteriores (Varas 1884, 164)

Comunicación de la adhesión del Perú a la Convención de Ginebra del 20 de octubre de 1868. El documento está fechado 4 de junio de 1879 y está firmado por Manuel Yrigoyen, Ministro de Relaciones Exteriores del Perú (Varas 1884, 164)

La publicación del artículo Chile violó las leyes de guerra durante el Conflicto del Salitre.- Declaración de Bruselas de 1874 pone en evidencia crímenes de guerra y delitos chilenos ha suscitado la enunciación de algunas afirmaciones erróneas que contestaremos en este y siguientes artículos.

La primera de estas aserciones equivocadas es que ni Perú ni Chile fueron firmantes del Tratado de Ginebra.

Perú se adhirió al Tratado de Ginebra de 1868

Perú se adhirió a la Convención de Ginebra del 20 de octubre de 1868. Las evidencias de dicha decisión pueden apreciarse en los dos documentos precedentes. El primero está fechado 2 de mayo de 1879 y lleva las firmas del presidente Mariano Ignacio Prado y de Mariano Felipe Paz Soldán, Ministro de Relaciones Exteriores. El segundo está fechado 4 de junio de 1879 y está firmado por Manuel Yrigoyen, Ministro de Relaciones Exteriores del Perú.

Chile se adhirió al Tratado de Ginebra de 1864

Chile también se adhirió a la Convención de Ginebra del 22 de agosto de 1864, como lo testimonia el documento firmado por el presidente Aníbal Pinto y el Ministro de Justicia Jorge Huneeus.

Por consiguiente, la evidencia documentaria comprueba que Perú y Chile se adhirieron al Tratado de Ginebra de 1864. 



Adhesión de Chile a la Convención de Ginebra del 22 de agosto de 1864. Firma el documento el presidente Aníbal Pinto y el Ministro de Justicia de Chile Jorge Huneeus. Debe formularse la atingencia que, a pesar de esta adhesión, Chile violó permanentemente la Convención de Ginebra de 1864; en especial, hizo caso omiso de los artículos 1, 2, 5 y 6 (Varas 1884, 142-144)

 

Convención de Ginebra del 20 de octubre de 1868 que incluye la Convención de Ginebra de 1864 y artículos adicionales referentes a la marina. Por incorporar estas últimas disposiciones, la Convención de Ginebra de 1868 es más amplia que la de 1864 (Varas 1884, 158-159, 161-163).

Fuentes chilenas consultadas

Varas, José Antonio, ed. 1884. Recopilación de leyes, órdenes y decretos supremos concernientes al ejército, desde enero de 1878 a fin de 1883. Tomo VI. Santiago de Chile: Imprenta de R. Varela.

© César Vásquez Bazán, 2012
Septiembre 16, 2012