Archive for the ‘ Ciencias Sociales ’ Category

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29
ene

¿Fueron las reformas antioligárquicas las que jodieron al Perú?

1. El reducto ideológico de la oligarquía
El país está listo para desmontar el tinglado neoliberal creado por el fujimorismo: recuperar los derechos laborales, regular y acotar a los grupos de poder, liquidar las prebendas pro-empresariales, defender los derechos ciudadanos de los más pobres. Sin embargo, la oligarquía ha creado un ideología-cuco, cual es que si ésta no gobierna como le da la gana las plagas de Egipto asolarán al Perú.

En el Perú habría existido una idílica “arcadia prevelasquista” de crecimiento acelerado, arruinada de repente por la obra de algunos malvados. En la actualidad el Perú vive otra vez unos “años maravillosos”, de crecimiento acelerado. Esta vez no hay que dejar que sean arruinados por los mismos malvados.

Este discurso es una construcción falaz y tiene como centro machacar a las reformas antioligárquicas que se dieron durante el velasquismo (reforma agraria, nacionalización de las transnacionales estadounidenses, derechos laborales, afirmación nacional) las que arruinaron al Perú en los ochentas.1 Por supuesto que evitan decir que esas reformas en su momento fueron sentidos reclamos de las mayorías nacionales, prometidas por TODOS los partidos que compitieron en las elecciones en 1962. Fueron el resultado de una larga lucha que se remonta a la irrupción de figuras como Haya de la Torre y Mariátegui en la vida nacional. Y más interesante aún: las reformas antioligárquicas fueron previamente reclamadas y apoyadas en tiempo real por el grupo El Comercio (que ahora cobija a varios de los ideologos oligárquicos), aquí, como por la revista Caretas de Enrique Zileri, aquí. La reformas no fueron el resultado antojadizo de la voluntad de una persona o de un grupo pequeño. Había un consenso nacional de que éstas eran necesarias.

Para validar esta construcción ideológica recurren a lecturas sesgadas de las evidencias cualitativas y cuantitativas: el “velasquismo” comenzaría en 1963 con Belaúnde (JJ Garrido K), Morales Bermúdez, Belaúnde 2 y García 1 serían también “velasquistas”. No sólo eso: en los años 60s, 70s y 80s el Perú habría tenido gobiernos “socialistas”. Así de extremista y deshonesta es esta gente.

2. Un discurso contestatario no puede basarse en un discurso histórico reaccionario
El tema de fondo es que la tergiversación derechista apunta a descalificar cualquier propuesta de cambio social en el presente. Tergiversan el pasado para continuar gobernando en el presente.

En tal sentido, una propuesta de cambio social en el Perú requiere de una acertada evaluación de la historia peruana reciente. Un discurso contestatario no puede basarse en el seguidismo al discurso histórico reaccionario. Esto implica esclarecer lo ocurrido y exponer al discurso revisionista de la historia peruana. El tema de fondo no es para nada que haya que defender al gobierno de Velasco, o que haya que ser velasquista. De hecho, ese gobierno fue responsable de muertes en diversas luchas sociales, como en Huanta, Ayacucho, Cobriza, Puno. Sin embargo, sus reformas no se agotan en quienes las realizaron desde arriba, sino que fueron el resultado de una larga lucha del pueblo peruano contra el régimen oligárquico. Cuando esas reformas fueron desmontadas por el fujimorismo en los noventas, quien perdió no fue el “velasquismo”, sino el pueblo peruano en su conjunto. Esta claridad es crucial para hacerle frente al discurso oligárquico.

3. El IPE: un ejemplo de falta de rigor intelectual
Un ejemplo de este discurso lo tenemos en esta presentación del IPE y en esta presentación (con olor a plagio, pues no cita la presentación del IPE) de JJ Garrido K.

En estos materiales el discurso oligárquico cacarea que la pobreza aumentó por las reformas antioligárquicas del velasquismo.

El IPE así lo asegura:
IPEVelascopobreza

Y Garrido K (sin citar el trabajo anterior) así lo repite, aunque con diferente énfasis:
GarridoVelascopobreza

Y aquí tenemos una simpática dramatización del asunto:

¿Es cierto esto?

Primero preguntémonos si los datos que nos dan tan animadamente son correctos.

El IPE reporta como fuentes de estos datos a Figueroa y Moncada. El trabajo de Figueroa (1989) puede verse aquí y el de de Moncada (1996) puede verse aquí (cuadros 13 y 14). El IPE tampoco cita la fuente para los datos de 2004, que no pueden estar en el trabajo de Moncada, pues éste data de 1996. Tal vez además de la presentación en Powerpoint exista algún documento más riguroso, pero si fuera así, que no parece, no existe la cita correspondiente en la presentación.

Lo más grave en todo esto es que lo que el IPE reporta como datos de pobreza citando a Figueroa está mal hecho.

El trabajo de Figueroa señala una “pobreza extrema” de 50% en 1970:

Según un conocido estudio de CEPAL (Altimir, 1978), 50% de la población peruana era calificada, en 1970, como grupo de “pobreza extrema”. Este grupo se encontraba por debajo de una “lírica de pobreza”, definida como el ingreso necesario para adquirir una canasta de bicncs y servicios considerados esenciales en el Perú.
página 228.

Tampoco es Figueroa la fuente de ese dato, sino la CEPAL: Oscar Altimir (1978). La dimensión de la pobreza en América Latina. CEPAL, Santiago.

En el pie de página 4, p. 229, Figueroa complementa:

Si la línea de pobreza se trazara en referencia al ingreso necesario para satisfacer las necesidades mínimas de alimentación solamcnte, la proporción de familias en pobreza muy extrema, que se podría llamar “indigencia” era de 25% en 1970 y de 32% en 1986.

Si en vez de pobreza “extrema” y “muy extrema” usamos las simples definiciones de “pobreza” y “pobreza extrema”, las cifras para 1970 son 50% y 25%, respectivamente, y no 35% y 15%, respectivamente, como reporta el IPE.

Es decir: si el IPE hubiera hecho este mismo ejercicio de mezclar fuentes de pobreza y decir cosas categóricas, citando correctamente los datos señalados por Figueroa, tendríamos una reducción de la pobreza de 1970 a 1985 de 50% a 42% y de la pobreza extrema en el mismo periodo de 25% a 18%.

Y si el IPE hizo algún ajuste a los datos de 1970, éste debe ser debidamente reportado, cosa que no se ve.

En realidad, no es una práctica comúnmente aceptada en economía andar mezclando fuentes tan alegremente. Se tiene al menos que advertir a los lectores, como sí hace Figueroa en su trabajo. Luego de señalar que “la pobreza extrema” en 1986 es de 57% en base a la ENNIV, advierte:

Aunque los datos de 1970 y 1986 no son estrictamente comparables, ellos nos permiten tener una estimación clara del orden de magnitud de la pobrea en el Perú: la pobreza extrema es masiva. Ademrás, como tendencia, la población que sufre de pobreza extrema parece que está en ascenso.

“parece que está en ascenso” dice un cuidadoso Figueroa. Como debe ser.

4. ¿Se redujo o aumentó la pobreza con Velasco?
El ex-director del INEI Farid Matuk calcula la pobreza según gobierno para un largo periodo histórico:

Pobrezagobiernosa

Imagen tomada del libro “Velasco” de Héctor Béjar, quien posiblemente se haya basado en este artículo de Matuk. El cuadro de la imagen no se ve en el artículo de LR, pero sí se ve aquí.

Lamentablemente, Matuk no comenta el cuadro ni aporta detalles metodológicos al respecto. Posiblemente se trate de pobreza monetaria calculada estableciendo alguna línea de corte. El autor tendría que complementar el cuadro con más información.

Según esta fuente, al final del velasquismo la pobreza llegó a su nivel de incidencia más bajo. Luego subiría sustancialmente para recién reducirse en la última década, desde finales del toledismo.

5. Más documentación sobre pobreza y distribución: Escobal, Saavedra y Torero
Pero claro, diversos investigadores tienen diversas medidas de pobreza. Un 17% de pobreza con Velasco suena curioso (no menos curioso que una pobreza no mayor de 27% con Belaúnde, Prado y Odría). Es prudente ver otros estudios.

EscobalSaavedraTorero1999

Imagen tomada de Escobal, Saavedra y Torero (1999) “Los activos de los pobres en el Perú”.

Estos dos cuadros son de Javier Escobal, Jaime Saavedra (actual ministro de educación y muy apoyado por la derecha) y Máximo Torero, en base a la ENCA (Encuesta Nacional de Consumo de Alimentos) para 1971-2 y la ENNIV (Encuesta Nacional de Niveles de Vida) para años posteriores.

Muestran una reducción de la pobreza de 64% en 1971-2 a 43% en 1985. La reducción, contrariamente a lo que decían Webb y Figueroa en 1975 en su libro del IEP, ocurre PRINCIPALMENTE EN LA ZONA RURAL: allí la pobreza baja de 85% a 55%.

Esta información lamentablemente no está desagregada por gobiernos, pero es difícil pensar que esta reducción de la pobreza se dio principalmente en los gobiernos de Morales Bermúdez o de Belaúnde. Si bien habría que investigarlo más, esta reducción es consistente con un gran cambio en niveles de vida, principalmente en las zonas rurales y tradicionales del país. Definitivamente una candidata a explicarla es la reforma agraria y la eliminación del poder terrateniente en el campo.

Si bien los niveles de pobreza de Escobal, Saavedra y Torero son mayores que los reportados por Matuk, ambas estadísticas coinciden en señalar una sustancial reducción de la pobreza en la decada del setenta y primera mitad de los ochentas, dando una evidencia que contradice rotundamente la afirmación de un Perú arruinado y empobrecido por las políticas redistributivas, como repiten cual dogma los Du Bois, Abusada, Koechlin, o los Miró Quesada.

Pero hay más, la distribución del ingreso también mejoró sustancialmente esos años. El 50% más pobre del Perú pasó a ganar el 19% del ingreso nacional en 1985, cuando en 1971-2 ganaba el 11% del mismo. En cambio, el 20% más rico que ganaba el 61% del ingreso nacional en 1971-2 pasó a ganar el 51% del mismo.

Es decir, hubo una fuerte redistribución que benefició principalmente a los sectores rurales del país, donde están los más pobres.

Autores como Richard Webb y José Rodríguez señalan que la ENCA y la ENNIV no son comparables y habría mucho margen de error, con lo que habría que tomar con pinzas la reducción de la pobreza y la mejora en la distribución del ingreso en los setentas. Es un comentario aceptable, que de taquito también cuestiona las afirmaciones de los lobbistas del neoliberalismo que aseguran a rajatabla que el Perú se empobreció con la reformas de los setentas. Lo que hay indica más bien una reducción de la pobreza.

6. John Shehan: de 1970 a 1979 se reduce la pobreza
Joen Sheahan en The Persistence of Poverty in Peru: Possible Answers, their Limits and their lmplications for Latin America de 2002, reporta un cuadro basado en la CEPAL sobre la pobreza y la pobreza extrema en el Perú:

Shehan2002

Nótese que se repite el dato citado por Figueroa para 1970: 50% de pobreza y 25% de pobreza extrema en el Perú. Según esta fuente, para el año 1979 la pobreza se había reducido a 46% y la pobreza extrema a 21% según la misma y por lo tanto comparable fuente, la CEPAL.

7. Londoño y Székely (1997) tendencias no monotónicas
Juan Luis Londoño y Miguel Székely en Persistent Poverty and Excess Inequality: Latin America, 1970-1995 (1997), del Banco Interamericano de Desarrollo, señalan tendencias más matizadas. De 1970 a 1973 hay un ligero aumento de la desigualdad acompañado de una ligera reducción de la pobreza y pobreza extrema, mientras que de 1973 a 1986 hay una sustancial reducción tanto de la desigualdad como de la pobreza.

londonoszekely1997

Tanto la desigualdad, medida en el coeficiente Gini, como la pobreza se reducen de 1970 a 1986, contrariamente a lo que señala el Instituto Peruano de Economía.

8. Una discusión: Francisco Verdera (2007)
El economista de la Organización Internacional del Trabajo Francisco Verdera aporta una discusión sobre lo ocurrido de los setentas a los ochentas, en La pobreza en el Perú: un análisis de sus causas y de las políticas para enfrentarla. En el segundo capítulo

Verdera, siguiendo a Richard Webb, cuestiona el trabajo de Escobal, Saavedra y Torero, mencionado arriba. Además de señalar que las encuestas, ENCA y ENNIV, no son comparables y que se podría estar sobrestimando la tasa de pobreza en 1971-72 para luego subestimarla en 1985-86, los resultados no le parecen verosímiles:

Estos resultados son de difícil aceptación. Habría habido entre 1971 y 1985 una extraordinaria bonanza en el área rural, al lado de un virtual estancamiento del gasto en el área urbana. Webb (1989: 107) opinará en contra de la bonanza en el área rural pero a favor de la caída del ingreso urbano: “La homogenización de los ingresos laborales en los últimos veinte años sería consecuencia, no de un aumento en el ingreso real en las áreas más pobres, sino del empobrecimiento de Lima y, en particular, del sector moderno de la economía”.
p. 113.

Igualmente en términos de distribución dle ingreso, en la página 102 señala cómo las diversas fuentes indican una reducción de la desigualdad entre 1971-2 y 1985-6:

En 1993 ya se habían utilizado dos encuestas para evaluar la desigualdad en la distribución del ingreso al nivel nacional. La Encuesta Nacional de Consumo de Alimentos (ENCA) de 1971-72 analizada por Amat y León (1981) y la Encuesta Nacional de Niveles de Vida (ENNIV) de 1985-86, analizada por el INE (1988) y de Habich (1988). Al comparar el grado de concentración de los ingresos familiares entre estas dos encuestas se encuentra que el grado de concentración se habría mantenido según los estimados presentados por de Habich, e incluso que podría haber disminuido de acuerdo al INE. Los coeficientes Gini fueron de 0.55 para 1971-72, y de 0.54 para 1985-86 según de Habich y de 0.49 de acuerdo al INE.

Es decir, en los setentas habría habido una reducción de la desigualdad.

Es la conclusión a la que también llega el economista José Rodríguez :

Entre 1971-72 y 1985-86, asumiendo que la ENCA y la ENNIV son comparables, no existe evidencia de una mayor concentración. O se mantuvo constante o disminuyó.

Sin embargo, tanto Rodríguez como Verdera siguen a Richard Webb, quien recalca que las encuestas no pueden compararse, y por lo tanto “No sería posible sostener que la distribución en 1985-86 habría mejorado respecto a 1971-72.” Es decir, estos autores se alejan de afirmar con cuidado lo que indican los datos, una reducción de la desigualdad, como hizo Figueroa en el trabajo mencionado anteriormente (y la mayoría de autores), y optan por decir que no se puede decir nada, como pregona Webb.

En cambio, según Rodríguez sí habría habido una mejora distributiva a lo largo de los setentas en Lima Metropolitana.

9. Webb y Figueroa
En tiempo real la reducción de la pobreza y de la desigualdad de los setentas fue insuficiente para Webb y Figueroa (1975), pues, decían, la redistribución del ingreso producida por las reformas antioligárquicas sólo se daba dentro del sector más moderno y rico de la economía (de terratenientes a trabajadores rurales de haciendas modernas, de empresarios a trabajadores de industrias modernas), no así del sector moderno al sector tradicional que era y es el más pobre. Esto lo afirmaron en base a datos de 1971 y algunos datos de 1973, cuando las reformas recién se estaban ejecutando. No hicieron un trabajo de campo o se basaron en encuestas evaluativas (que aún no había). Simplemente dedujeron en base a algunas simulaciones de elaboración propia cuál sería el impacto distributivo de las reformas.

Es muy comprensible que en plan de negar la reducción de la pobreza y la desigualdad en los setentas Webb adopte un criterio rígido para este asunto y se esmere en desmerecer del todo algunas tendencias meridianamente discernibles. En un próximo post comentaré algo sobre el nada concluyente y muy apresurado y especulativo trabajo de Webb y Figueroa sobre la distribución del ingreso en el Perú de 1975. Fueron estos dos autores quienes contribuyeron a crear la imagen de que las reformas de los setentas tuvieron, si alguno, un impacto muy limitado en el país, y sin mucha evidencia llevaron agua al molino de la derecha más recalcitrante.

En los ochentas Webb se apuntó con la restauración belaundista mientras Figueroa fue crítico la misma. Después ambos se entusiasmaron con Alan García, quien les compró la idea de las “pirámides” de ingreso, que sirvió de sustento para los créditos chicha en la ciudad y el campo, que para nada superaron a las reformas de los setentas en aliviar la pobreza y mejorar la desigualdad.

Después Webb se apuntó con el “Consenso de Washington”, participando de su lanzamiento, mientras Figueroa se apuntó con Fujimori e intentó hacer un ajuste económico sin shock. Fujimori choteó a Figueroa para seguir los consejos de Carlos Rodriguez Pastor y luego Carlos Boloña.

En la actualidad Figueroa insiste en la necesidad de la redistribución, mientras Webb, desde la U . San Martín de Porres, vinculada a Alan García, es un apologista del actual modelo económico y un protector de un agresivo lobbista megaminero como es Miguel Santillana. El mismo Webb se prestó a formar parte del lobby de los notarios que se sintieron atacados por Hernando de Soto, ver Las ganancias de la formalización (con César Martinelli) y Webb-De Soto: ¿el firme vs el chanta?.

Webb dice que ahora, cuando se aplica un modelo neoliberal, sí hay un “despegue rural”, una revolución comunicativa y de ingresos en el sector rural (agrario y no agrario) peruano. Ahora sí habría una gran redistribución del sector moderno al sector tradicional, basada en las transferencias públicas vía educación, salud, caminos, etc.

Habrá ocasión de comentar también las falacias y trampas de ese trabajo, pero reflexionemos sobre un par de preguntas muy simples: si fuera cierto, ¿sería posible este “despegue” sin la eliminación del poder gamonal pre-velasquista? ¿Si siguieran mandando los señores de horca y cuchillo como los Romainville en La Convención o los Carrillo en La Mar? ¿Si la gente que hoy maneja combi y usa celular trabajara de pongo, yanacona o mitani de algún patrón como ocurría con sus abuelos y abuelas?

10. Algunas conclusiones
No hay ninguna sólida evidencia que sustente las temerarias y facilistas afirmaciones del discurso oligárquico, que las reformas de los setentas produjeran un empeoramiento de la pobreza en el Perú. El tema está muy manoseado por la necesidad ideológica de la oligarquía de legitimar y conservar el modelo que actualmente se ejecuta en el Perú. Es un cuco que se siembra en la mente de la ciudadanía peruana para asustarla e inculcarle resignación e impotencia. Que no exista el menor asomo de posibilidad de hacer algo diferente en el Perú, no sea que caigamos nuevamente en la hiperrecesión y la hiperinflación alanista o acaso en la insanía terrorista.

Es crucial comprender que tal discurso no tiene ni pies ni cabeza. No está basado en una lectura ciudadosa de la evidencia disponible. Está hecho en forma interesada con fines de manipulación ideológica, con el objetivo de que el poder de la oligarquía nunca sea cuestionado en el Perú. Ojalá que este post haya contribuído a esclarecer este asunto.

  1. Este discurso le debe mucho al fundador de Apoyo. Ver “¿En qué momento se jodió el Perú?” de Ortiz de Zevallos, Felipe. Debate; vol.8, nro.39. Lima 1986.
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13
ene

La base material del consenso: ganancia capitalista vs. renta extractiva

(o Adam Przeworski en los Andes y pampas, ver aquí)

  • Pacto social-demócrata en Europa: el sistema capitalista se legitima y logra consenso cuando al capitalista no le queda otra que renunciar a parte de la ganancia y concede aumentos de salarios a los trabajadores asalariados.
  • Pacto oligárquico-populista en América Latina: el sistema oligárquico primario-exportador se legitima y logra consenso cuando al oligarca no le queda otra que renunciar a parte de la renta extractiva a través de la imposición estatal (impuestos, canon, etc.) y concede recursos para la inversión y programas sociales de las personas pobres no asalariadas.

Bajo el esquema oligárquico como el que se aplica en el Perú este “pacto” ocurre sin una contraparte social organizada. Por el contrario, la oligarquía desincentiva la organización social y política de las mayorías a través de la estigmatización y represión. Bajo el esquema populista histórico, aplicado en Brasil, Argentina y México, este “pacto” ocurre con el líder populista organizando a los sectores ricos y pobres en una sola entidad.

Bajo el esquema oligárquico no se construye capitalismo, sino rentismo extractivo. Bajo el esquema populista se construye capitalismo.

El esquema populista es hijo antitético del esquema oligárquico, de su caída por un fin de ciclo de exportaciones y de la presión de las mayorías sociales. Ante bajos precios internacionales no queda otra que industrializar.

En la actualidad, hay algún tipo de “síntesis”. Antes la oligarquía no daba canon, ni el populismo incentivaba la exportación primaria. En la actualidad, se puede seguir un esquema oligárquico con programas sociales y se puede hacer populismo basado en expandir la renta extractiva.

Y también ambos esquemas son inherentemente inestables: en ambos, cual el viejo dilema del prisionero, los “pactantes” tienen claros incentivos para almorzarse a su contraparte. La cosa es si pueden.

[Este post salió antes en Facebook, aquí.]

przeworski
Adam Przeworski. El presente post está inspirado en su teorización aplicada a la dinámica del consenso en una economía capitalista y en la relación capital-tabajo. Sin embargo, varias de las economías de América Latina, en particular la economía peruana, se basan en la renta extractiva y en bajas tasas de salarización.
Imagen tomada de aquí, una interesante entrevista en la Argentina, en que dice cosas que los politólogos domésticos levitskistas no suelen decir:

En el prefacio de su último libro usted afirma que sin salarios decentes y sin ciertos niveles de educación mínima, la democracia no es posible. ¿Cuán extendido cree que está el fenómeno de las democracias sin ciudadanías efectivas?

Yo creo que es un fenómeno que nació en varios países con el sufragio universal. Antes de su implementación primaba la idea de que solamente podían votar los ciudadanos que eran capaces de ejercer sus derechos. Con el sufragio universal, ciudadanos que no estaban en condiciones de ejercer sus derechos entraron a la política. Cuando volvió la democracia en América Latina y en Europa del Este en los años 80, había mucho de esto y todavía existe. Sin embargo, creo que con el desarrollo de la democracia y el crecimiento político la situación mejoró considerablemente. La mayor paradoja se da en los Estados Unidos, un país que tiene instituciones representativas hace 200 años pero en el que casi la mitad de su ciudadanía no vota, posee el grado más elevado de desigualdad, la mayor población carcelaria y la mayor penetración abierta del dinero en la política de todo el mundo desarrollado.

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28
dic

Pensamiento Bullard: la justicia social es envidia

[Post publicado ayer en la página Facebook del Gran Combo Club, aquí]

Avanza el pensamiento facho: Bullard pasa de basarse en Robert Nozick a basarse en Dante Bobadilla.

Qué justicia social ni qué justicia social, envidia cochina.

¡Bravo!

¡Un, dos, tres, Bullard otra vez! ¡Tres, dos, uno, como Bullard no hay ninguno!

“El concepto de justicia social (sea lo que quiera decir) parece vincularse más a la envidia y al concepto igualitario. La igualdad debe generarse porque quien tiene algo genera la envidia de quienes no lo tienen. La justicia socialista tendría ese origen emocional. La reacción, muchas veces virulenta, para alcanzar la llamada justicia social se explicaría por ese sentimiento. La envidia acompañaría una justicia como la que propuso Chávez en Venezuela, mientras que la ira acompañaría la justicia de atrapar al ladrón que huye con nuestra cartera luego de arrancharla.”
Entre la ira y la envidia Por Alfredo Bullard. Publicado en El Comercio el 14 de diciembre de 2013

Ya que él habla de monos, yo hablaré de ardillas. Cuando les doy de comer a éstas, siempre hay alguna que es más fuerte y que no le gusta que las otras reciban comida. La más fuerte agrede a todas las otras y acaba siendo la única que come. La envidia parece estar en esta ardilla fuerte que no soporta que las otras reiciban alguito. (Así tal vez son algunos de los ideologos de los ricos del Perú, que no soportan que los pobres tengan aunque sea alguito de educación, salud, etc. Hablan del dinero público como si fuera “su plata”).

Los seres humanos tendemos a ser algo más civilizados que estos animalitos y tenemos sentimientos de solidaridad y empatía más desarrollados1 Aunque no falte quien diga que ahuyentar a las otras ardillas es un esfuerzo que hace merecedor a comer más, a la mayoría de seguro que no nos parece justo que sólo una ardilla coma y las otras no. Tratamos de darles a todas. Y tratamos de vivir en sociedades más justas.

  1. Aunque a veces, como diría Roberto Carlos, uno quisiera ser tan civilizado como los animales.
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16
dic

1960s: el financiamiento del Pentágono y el IEP

En el post 1963: intervención de los Estados Unidos a través de las ciencias sociales comentaba cómo el gobierno de los Estados Unidos interviene en América Latina a través de un supuesto trabajo intelectual. En Chile se trata del Proyecto Camelot, desarrollado por el Pentágono y expuesto ampliamente al público, provocando un gran rechazo de la intelectualidad y en general de la opinión pública, llegando a verse el asunto en el congreso chileno.

En el Perú por los mismos años se desarrolla un proyecto parecido, que tiene como institución local ejecutante al Instituto de Estudios Peruanos (IEP). En el Perú ya había una base para este tipo de proyecto por el Proyecto Vicos, que vimos aquí. Se trata de un proyecto apalancado financieramente por el Pentágono de los Estados Unidos. El interés de los militares estadounidenses es evaluar las actitudes de los campesinos peruanos ante un posible movimiento insurgente. Quieren tener una suerte de radiografía de los campesinos, en particular evaluar su “modernización” económica, su integración al mercado, y subjetiva, su aceptación de la cultura occidental.

Si la intervención del Proyecto Vicos de los años cincuenta tiene una carácter solamente preventivo, en los sesentas esta intervención tiene mayor premura, pues ya se había dado un intento guerrillero en el Perú, derrotado en parte con la intervención de los Estados Unidos a través de asesores militares y la CIA. En esa década, sin embargo, la indignación por la intervención por el proyecto Camelot en Chile llega al Perú y genera un cierto rechazo, que lleva a que el IEP pierda el proyecto financiado por el Pentágono.

1. El antropólogo Jürgen Golte sobre el Plan Simpático y el IEP
En el reciente conversatorio-celebración por los 50 años del IEP, ver aquí, pocos ponentes hablan del rol del IEP como parte de la intervención de los Estados Unidos. Con una sola excepción. El antropólogo alemán del IEP Jürgen Golte reconoce el crucial papel del gran financiamiento de los Estados Unidos en el surgimiento del IEP como una institución fuerte y con gran visibilidad. Verlo en este fragmento

(El video original y completo puede verse aquí).

Golte explica que este financiamiento del gobierno de los Estados Unidos para el IEP y sus cientos de entrevistadores ocurrió en el contexto de la Guerra Fría. Es decir, era el temor que el Perú cayera en la órbita soviética.

(Es curioso cómo hablar de la Guerra Fría se ha convertido en una palabra clave que parece justificar muchas cosas: ¿los EEUU intervinieron en Guatemala? “Fue por la Guerra Fría”. ¿Los EEUU intervinieron en Chile promoviendo un golpe militar? “Fue por la Guerra Fría”. ¿Los EEUU intervinieron en el Perú usando como tapadera las ciencias sociales? “Fue por la Guerra Fría”.)

Golte menciona el Plan Simpático, aplicado en el Perú y el Plan Camelot, aplicado en Chile. Nadie le comenta. Nadie le da la contra. No pueden negar una intervención que ocurrió y sigue ocurriendo. Es claro que la actitud de esa institución es no hablar del asunto.

2. William Foote Whyte
El sociólogo William Foote Whyte, quien dirigió ese proyecto, no tuvo muchos problemas en hablar, mejor dicho escribir, al respecto. Claro, se nota que cuenta las cosas muy a su manera, pero dice mucho más que sus ex-socios peruanos del IEP. Efectivamente, como cuenta Golte, Matos Mar tuvo un proyecto con la Universidad de Cornell, con financiamiento de la National Science Foundation (NSF), muy en la onda de analizar un posible cambio de alineamiento internacional del Perú a partir de la movilización del campesinado. De ahí proceden los estudios del IEP sobre el Valle de Chancay, en Huayopampa y antes en Pacaraos, realizados por Matos y Whyte en 1964. Por ejemplo, “El desafío de Huayopampa” es publicado en 1968 y republicado en 1982, con modificaciones y añadiendo dos capítulos hechos por Carlos Iván Degregori.

Whyte tiene como tres libros, algo autobiográficos, en que escribe sobre estos temas: “Leraning from the Field”, “Participant Observer” y “Creative Problem Solving in the Field”.1 Sin embargo, los financiamientos no se limitan a la NSF, o la Fundación Ford, sino que incluyen al Pentágono a través de su agencia “Advanced Research Projects Agency” (ARPA).

3. Matos Mar funda el IEP
William Foote Whyte se interesa en el Perú a partir del proyecto Vicos dirigido por Allan Holmberg, su colega más senior en la Universidad de Cornell. Whyte visita Vicos y pasa un año en el Perú en 1961 donde realiza una investigación sobre relaciones industriales en la Universidad de Ingeniería (ya que según él en San Marcos hay mucho radicalismo y rechazo al “imperialismo norteamericano”). También trabaja con Robert Braun de IPAE en estudios industriales, partiendo de la preocupación que la cultura peruana presenta un gran sesgo contra la actividad empresarial, por lo cual la mayor parte de los empresarios eran de origen extranjero (y añade que en la segunda generación de inmigrantes extranjeros el espíritu empresarial ya se ha perdido. La peruanización mata el espíritu empresarial.). (En este punto Whyte señala en sus memorias, sin muchos comentarios, que a través de Hernando de Soto se entera que los empresarios locales son los de la “economía clandestina”).

En 1964 José Matos Mar funda el Instituto de Estudios Peruanos en base al financiamiento gubernamental otorgado por el Ministerio de Educación, bajo la dirección de Francisco Miró Quesada. Matos había sido asesor de Fernando Belaúnde en temas rurales. Whyte y Lawrence Williams (mencionado también por Golte) propusieron a Matos hacer conjuntamente el programa de la Universidad de Cornell. A medida que el apoyo gubernamental va cayendo año tras año, el IEP se va haciendo más dependiente de la Universidad de Cornell. Por esa época Whyte también trabaja en el Cusco con Oscar Nuñez del Prado, quien antes había trabajado también con Allan Holmberg en el valle del Virú. Todos estos proyectos rurales, como también indica Golte, tenían un denominador común: averiguar los cambios sociales e ideológicos que estaban ocurriendo entre los campesinos.

Para fines de 1964 estos proyectos se expanden del Valle del Chancay al Cusco y luego a Arequipa, Huancayo, Ayacucho y Trujillo. Con esta expansión se requiere más personal calificado. Matos propone a su concuñado Julio Cotler, antropólogo que se encuentra por entonces, fines de 1964, en Boston, en el MIT analizando datos sobre Venezuela. Cotler es entrevistado por Whyte en Cornell y es aceptado para el puesto. Whyte había trabajado también en Venezuela en proyectos similares, donde ya había conocido a Cotler.

4. Bienvenido sea el Pentágono
En noviembre de 1964, en la conferencia de la Asociación Americana de Antropología Whyte conoce a Lee Huff, director del “Advanced Research Projects Agency” (ARPA) del Pentágono. Huff le comenta que su proyecto en el Perú es muy interesante y le pregunta si sabe de proyectos similares que necesitan financiamiento. En enero de 1965, Whyte se vuelve a reunir con Huff, esta vez en Washington y Huff le ofrece apoyo financiero a ser usado sin condicionamientos y otorgado en forma rápida. Sólo 60 días, cuando otras fuente como la NSF demoraban como nueve meses. Es más bien Whyte quien establece condiciones: 1. no habría reportes secretos. El Pentágono sólo recibiría reportes de avances de investigación. 2. los investigadores tendrían total libertad para publicar sus resultados. 3. no habría chequeos de seguridad. 4. El Pentágono tendría que responder sobre si aprobaba el proyecto en máximo 60 días, y con alta probabilidad en 30 días.

Whyte entiende que el IEP y Cornell necesitan nuevas fuentes de financiamiento para fortalecer la organización que acaban de fundar en Lima. Si no actuaban pronto, perderían momentum. No sólo se trata de hacer estudios rurales, sino también de formar intelectuales y consolidar organizaciones.

Según cuenta Whyte, Matos le expone que el IEP aceptaría sin problemas financiamiento de la Fundación Ford u otras fundaciones, como la NSF o el NIMH (National Institute of Mental Health). Apoyo de USAID sería menos deseable, pero probablemente aceptable. Aceptar un apoyo del Pentágono tendría más problemas, pues el Pentágono era el símbolo clave del imperialismo de los EEUU. Whyte le insiste y convence a Matos de un acuerdo “salomónico”: el financiamiento del Pentágono sería para pagar a los investigadores de Cornell y el financiamiento de Cornell sería para pagar las actividades del IEP.

Presentan el proyecto el 1 de marzo de 1965 y Huff llama a Whyte el 30 de marzo diciéndole que el proyecto estaba aprobado. J. Oscar Alers es nombrado director de campo por Cornell y Julio Cotler es nombrado director de campo por el IEP.

5. Impacto del proyecto Camelot: de Chile al Perú
En el verano del norte de 1965 (junio-julio-agosto) estalla el escándalo por el proyecto Camelot en Chile, ver 1963: intervención de los Estados Unidos a través de las ciencias sociales, proyecto precisamente financiado por el Pentágono. El escándalo es cubierto por toda la prensa en América Latina y provoca una gran indignación contra la intervención estadounidense so pretexto de hacer investigación en ciencias sociales. Whyte comprende que no tardaría en haber problemas con su proyecto en el IEP.

Según Whyte, su proyecto era “muy diferente” al de Camelot. Él dice no tener ningún interés en la insurgencia o en la contrainsurgencia. El proyecto Camelot es iniciado por el Pentágono, mientras que su proyecto con Matos es iniciado por él y luego el Pentágono lo apalanca con apoyo económico. En mi opinión, aceptando su versión de los hechos como cierta y que no haya dejado nada por contar, se trata diferencias accesorias. Entonces los investigadores estadounidenses comparten una ideología sobre lo que tienen que hacer en el Perú que confluye totalmente con los intereses militares de su gobierno. Varios de ellos habían trabajado directa o indirectamente con los militares de los EEUU y casi todos con otras agencias estatales. Más bien, lo que se aprecia es que en el Perú el Pentágono no habría necesitado generar un proyecto propio, pues este proyecto ya existía en el trabajo de los investigadores estadounidenses establecidos en el Perú.

6. El consejo directivo del IEP en acción
En octubre de 1965 Whyte visita Lima y encuentra a Matos muy nervioso por el proyecto del Pentágono. Matos no le había contado del proyecto a ningún miembro del consejo directivo del IEP, excepto a su presidente Luis E. Valcárcel.2 Whyte le propone, según él, “una típica solución estadounidense”: que convoque al consejo directivo del IEP, que les informe sobre el proyecto del Pentágono y que les pida consejo.

La reunión se realiza en dos partes. En una primera parte Matos presenta a Whyte al consejo directivo, a muchos de cuyos miembros ya conoce. En esta parte todos reafirman su voluntad de estrechar la colaboración con los EEUU. En una segunda parte viene el cafecito y es aquí que los directores del IEP expresan sus temores. Dos de ellos manifiestan que hubieran preferido no enterarse del financiamiento del Pentágono, cosa que cuando el asunto estalle pudieran manifestar no saber nada de ello. El ex-ministro de educación Francisco Miró Quesada, quien había aprobado el primer financiamiento gubernamental del IEP conduce la reunión y propone que el financiamiento del Pentágono se limite a la contraparte de Cornell, mas no vaya a los investigadores del IEP, solución ya propuesta por Matos. Es decir, aceptan continuar con los términos bajo los cuales ya se desenvolvía el proyecto.

7. El escándalo trasciende
En enero de 1966 Whyte visita nuevamente Lima y Matos está aún más preocupado. Un miembro del consejo directivo del IEP presente en la reunión le cuenta a sus amigos sobre el financiamiento del Pentágono al IEP. La información se difunde. Diversas personas le comunican a Matos haber escuchado que estaba trabajando para el Proyecto Camelot. Matos le comenta a Whyte “Hace años, yo no trabajaba con estadounidenses y me acusaban de comunista. Ahora que trabajo con estadounidenses, a Julio [Cotler] y a mi nos acusan de ser agentes de Camelot”.

El 11 de febrero de 1966 el diario aprista La Tribuna publica en primera plana que diversos izquierdistas de un centro de investigación estaban recibiendo suculento financiamiento del Pentágono, el Ministerio de Defensa de los Estados Unidos. Denuncia también a “un misterioso Mr. White” (sic) sin afiliación a ninguna universidad, quien trae esos dineros. La Tribuna sigue con la denuncia en los días siguientes, 12, 13, 18 y 19 de febrero. El 19 de febrero La Tribuna publica una carta de Luis E. Valcárcel quien niega que el IEP reciba dinero del Pentágono, explica la relación del IEP con la Universidad de Cornell, reconoce el aporte de Whyte y resalta la contribución de este intercambio académico desde el Proyecto Vicos. No cuenta que los investigadores de la Universidad de Cornell sí reciben financiamiento del Pentágono para ese mismo proyecto. Es decir, dice una verdad a medias.

8. Marcha atrás en el IEP
Dada esta campaña en contra, Matos entiende que el proyecto con el Pentágono es insostenible, no importa la compartimentación de financiamientos practicada, que no es expuesta transparentemente en tiempo real. Matos le propone a Whyte devolverle el dinero al Pentágono. Y Whyte accede. Las autoridades de la Universidad de Cornell apoyan a Whyte en devolver el dinero. Lee Huff del Pentágono reacciona con sorpresa y bronca.

El financiamiento del Pentágono se corta ese mismo febrero, pero el proyecto continúa hasta septiembre de 1966 con apoyo de Cornell, que tapa parte del forado que queda por este cierre. Matos no se ve afectado inmediatamente por ese cierre, pues no recibe dinero de Cornell. El corte sí afecta, sin embargo, a Cotler cuyo salario viene totalmente de Cornell (que sí recibía dinero del Pentágono). Ante eso Whyte le consigue dineros del Agricultural Development Council.

9. Financiamientos alternativos
Whyte trata de buscar financiamientos alternativos en la NSF y el NIMH para reemplazar la pérdida del financiamiento del Pentágono. Ambas instituciones aceptan apoyarlo siempre cuando su proyecto pase el largo proceso de evaluación, que demoraría hasta diciembre de 1966.

Whyte intenta conseguir financiamiento de USAID, donde le dicen que su proyecto es muy bueno, tanto que si no hubiera un proyecto así USAID trataría de persuadir a alguien de hacer un proyecto similar. Sin embargo, el embajador estadounidense J. Wesley Jones veta el proyecto, aduciendo no tener nada contra el IEP, pero que siente que se trata de una asunto controvertido. Le sugiere a Whyte hablar con Peter Frankel de la Fundación Ford. Frankel as su vez, lo pelotea de nuevo y le dice que ese proyecto es como para USAID.

Después Whyte se entera que un apoyo de USAID al IEP hubiera implicado hacerles un chequeo de seguridad a Matos y a Cotler. Según Whyte esto era porque el Departamento de Estado todavía tenía el estigma de la época McCarthy de ser blando con el comunismo. Ningún chequeo de ese tipo fue necesario para el tan amigable financiamiento del Pentágono. En tiempo real Whyte no les cuenta del asunto a Matos y a Cotler. “Estar certificado como no constituyendo un peligro para la seguridad de los EEUU podría haber significado catalogarlos para siempre como lacayos de los yanquis”, afirma Whyte en “Participant Observer”.

En noviembre de 1966 Whyte visita a Matos en Lima. El financiamiento de Cornell llegaba a su fin y Matos no veía fuentes alternativas de financiamiento. El gobierno de Belaúnde, bajo presiones económicas crecientes, reduce el subsidio al IEP en dos tercios y en 1967 el IEP probablemente no iba a recibir nada del gobierno.

En diciembre de 1966, le aprueban a Whyte el financiamiento tanto de la NSF como de la NIMH. Williams y Whyte dicen aceptar el financiamiento de la NIMH que dura tres años, mientras que el de la NSF dura sólo dos años. Con este desenlace se garantiza que el proyecto del IEP como institución continuara y se fortaleciera.

10. Epílogo
La explicación de Whyte para la oposición al proyecto del Pentágono es que se trata de un conflicto político doméstico, entre apristas y social progresistas, originado en parte en la universidad de San Marcos. Matos Mar había sido candidato al congreso por el Movimiento Social Progresista en 1962. Si bien no iba a tener una gran votación, los apristas se le oponían duramente. La motivación para la denuncia contra el IEP es la ambición del Apra en que Luis Alberto Sánchez sea rector en San Marcos, a lo que se oponían intelectuales como Augusto Salazar Bondy y Francisco Miró Quesada, ambos en el consejo directivo del IEP. Según Whyte fue Sánchez (vinculado el mismo a diversas agencias de los EEUU) quien dirige los ataques contra el IEP. Pero todos estos ataques son conjurados porque La Tribuna no tenía la reputación que tenían La Prensa y El Comercio y por el prestigio de intelectuales como Luis E. Valcárcel y Carlos Monge. Al poco tiempo de la elección de Sánchez como rector cesan los ataques contra el IEP.

Mis conclusiones de este asunto son diferentes. Si bien los apristas se aprovechan del asunto en sus líos de poder, no quita que los intelectuales del IEP se prestan con mucha facilidad a llevar a cabo la agenda ya no sólo del gobierno de los EEUU, sino del mismo Pentágono. Compartimentar el financiamiento para nada es una solución aceptable que los desvincule de formar parte de una intervención en su propio país.

Por cierto, Whyte es mencionado en un par de Wikicables, aquí y aquí, en relación a preparativos de la embajada de Estados Unidos para celebrar un coloquio en 1973 con los militares peruanos en el CAEM, junto con Shane Hunt y Luigi Einaudi, este último vinculado a la inteligencia de los Estados Unidos. El coloquio incluye al IEP.

Yapa. Las memorias de Whyte
Las memorias de Whyte son muy interesantes e inusuales en el Perú, pues comentan con mucha apertura lo que en nuestro medio es censurado como “chismes”, cuando son eventos que ayudan decisivamente a entender la constitución y la marcha de una organización. Obviamente que llevaba muy bien la cuenta de lo que hacía.

Whyte cuenta cómo Matos consigue que el industrial pesquero Luis Banchero acepte apoyar financieramente al IEP. Al mismo tiempo un funcionario de la Fundación Ford invita a Matos a presentar proyectos a la Ford. Matos prefiere el financiamiento de Banchero que ocurre por un año, 1971. En año nuevo de 1972 Banchero es asesinado y Matos pasa a recurrir a la Fundación Ford y a otras fuentes internacionales.

También cuenta sobre la ruptura entre Matos y Fernando Fuenzalida en 1970, quien estaba descontento con la dominación de Matos. Whyte le sugiere a Fuenzalida que trate el asunto con Matos. Fuenzalida no lo hace y se organiza con otros entonces jóvenes para fundar su propio instituto. Para conseguir financiamiento Fuenzalida habla con Carlos Delgado, ex-estudiante de Cornell y asesor de Velasco Alvarado. Delgado habla con Luis Soberón y éste habla con Matos, quien despide del IEP a Fuenzalida y los jóvenes descontentos. Según Whyte esto fue un shock terrible para Matos. (En los ochentas, al parecer Matos y Fuenzalida se reconcilian y es Fuenzalida quien redacta lo que sería el libro titulado “Desborde Popular”.)

Whyte comenta que Matos tuvo antes problemas con sus protegidos, quienes aceptaban su dominación por la expectativa que tenían de becas internacionales y el apoyo de Matos. Algunos esperaban desarrollarse hasta no necesitar la dominación de Matos. Whyte cuenta que amigos le cuentan que varios de estos jóvenes no lograron mucho después de distanciarse de Matos.

Otro evento molesto para Matos fue que Cotler se asociara con Anibal Quijano para publicar “Sociedad y Política”, una revista marxista. En su primer número el editorial de esta revista señalaba la necesidad en el Perú de una crítica marxista a los hechos políticos de entonces. Whyte le escribe a Cotler y le dice que eso es “lo último que el Perú necesita”. Matos no había sido consultado y estaba muy molesto.

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“Participant Observer”, uno de los libros en que William Foote Whyte da detalles sobre su trabajo con el IEP, aquí, Google Books.

Imagen de William Foote Whyte, tomada de aquí.

  1. De estos tres libros procede la información expuesta en el presente post.
  2. Valcárcel si bien es recluído en el Frontón en los años veinte por intervención de la embajada de los Estados Unidos en el Perú, décadas después se acercaría a esta misma embajada para abogar por la fundación del Instituto Cultural Peruano Norteamericano, como una forma de contrarrestar la influencia ideológica de intelectuales como José de la Riva Agüero, simpatizante de la Italia fascista.
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7
oct

Convergencia interna en salarización

En el post Desarrollo capitalista y trabajo asalariado establecía que el mayor desarrollo capitalista está asociado a una mayor salarización de la fuerza laboral. Esto era una constatación comprobable a través de una comparación entre países de las tasas de salarización y del PIB per cápita: los países con un mahyor PIB tenían una mayor tasa de salarización. Lo misma relación se daba a nivel nacional, donde las regiones con mayor PIB per capita presentaban una mayor tasa de salarización. Es, sin embargo, muy instructivo ver lo que ocurre históricamente con las tasas de salarización.

1. Evolución de la PEA asalariada y la PEA independiente
El INEI tiene en línea datos de los censos de 1981, aquí, 1997, aquí y 2007, aquí. Los tenemos a continuación:

CuadroPEAwindep

Un gráfico, algo abigarrado, nos muestra la tendencia de la PEA asalariada a nivel regional:

convergenciaregionalPEA

No espero que el lector distinga la tendencia de cada línea, pero sí que advierta la tendencia de la línea más alta y la más baja. Es muy claro que la dispersión regional del porcentaje de la PEA asalariada se reduce. La salarización crece más en las regiones con menores tasa de salarización en 1981 y se reduce en las regiones con mayores tasas de salarización en 1981.

Es decir, si tomamos a la salarización como un indicador de desarrollo capitalista, en tres décadas, no es que el Perú está viviendo un proceso de expansión capitalista irreversible, sino de un proceso caracterizado por una expansión, pero también por un retroceso.

2. Convergencia interna en salarización
Más aún, si relacionamos el nivel regional de salarización de 1981 con la variación regional en la salarización de 1981 a 2007, corroboramos que las regiones con una mayor salarización en 1981 sufren una caída de la misma. En cambio, las regiones con menor salarización en 1981 sufren el mayor aumento de la salarización.

dXXPEAasalariada

Comprensiblemente, lo mismo ocurre con el porcentaje de la fuerza laboral independiente: las regiones con mayor porcentaje de independientes en 1981 sufren la mayor caída en este porcentaje, mientras que las regiones con el menor porcentaje de independientes en 1981 sufren el mayor aumento en este porcentaje.

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El gran mensaje que nos dan estos datos es que el Perú de hoy no tiene un mayor desarrollo capitalista que hace tres décadas. Lo que sí tiene es un desarrollo capitalista menos desigual a nivel regional.

P.S.1. Esta constatación no debería sorprendernos mucho. Recordemos que sólo hace algunos años, en el 2005, el Perú recuperó el nivel de PIB per cápita que tenía en 1973, y lo sobrepasó. Veámoslo en este cuadro.

PIBrealpc

Es un importante crecimiento el de la última década, pero que no ha llegado a recuperar ni superar la tasa de salarización de 1981. Acaso sería un crecimiento basado principalmente en la renta extractiva más que en la expansión de la economía capitalista

Un último dato al respecto es el nivel de salario promedio, si bien es sólo de Lima Metropolitana, que no ha recuperado su nivel de 1980. En la actualidad un trabajador en Lima gana la tercera parte de lo que ganaba un trabajador en 1980. Más aún, los salarios muestran un claro estancamiento desde 1990.

SalariosCepalLima

Fuente, Cepal, aquí.

Gran crecimiento del producto, pero con salarios estancados. Entonces ¿a dónde va el crecimiento?

P.S.2. Un trabajo clásico sobre salarización en el Perú es el de Verdera, aquí, donde se compara la salarización en los censos de 1972 y 1981.

PEA19721981Verdera

Como se aprecia, en ese periodo hubo una caída de la tasa de salarización en el Perú, aunque estos números no son directamente comparables con los de los cuadros y gráficos de arriba. El Perú habría tenido una caída en la salarización no de tres, sino de cuatro décadas.

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3
oct

Programas sociales y aprobación presidencial

1. Programas sociales: núcleo duro de la aprobación presidencial
La aprobación de Humala cae abruptamente de junio a julio con la repartija (después de subir en supuestamente por su retroceso en la compra de Repsol por Petroperú). En agosto y septiembre su aprobación sigue cayendo aunque desacelerándose la caída.

AprobacionRazones

Las razones de la aprobación, sin embargo, caen poco y, más aún, se recuperan. La principal razón de aprobación son de lejos los programas sociales para los pobres. La segunda es la mejora de la educación. Dos razones de las cuales se escucha muy poco en los medios oligárquicos. Por el contrario, se nota que hay una campaña de la derecha para recuperar el control de los programa sociales, un evidente y silencioso núcleo duro de la aprobación presidencial. De ahí el operativo fujimorista contra Juntos, Cunamás y Qali Warma.

2. Incumplimiento de promesas: núcleo duro de la desaprobación presidencial
La desaprobación, por su parte, se basa en el incumplimiento de sus promesas electorales y que es un mentiroso. La gente no está contenta con el desacato de sus promesas electorales. La seguna razón de desaprobación es la delincuencia, que despega como segunda razón a comienzos de año.

DesaprobacionRazones

Hoy por hoy, el principal jaque a Humala a nivel social no viene desde la derecha (con fuerza económica, política y mediática, pero no social), sino desde la izquierda. Es claro que la respuesta de Humala al descontento de las mayorías por su incumplimiento de promesas está en los programas sociales.

3. Caída de aprobación con viraje: recuperando el apoyo de los más pobres
La aprobación de Humala ha venido cayendo, principalmente entre los más ricos. Entre los más pobres la caída ha cesado. Más aún, en este proceso Humala ha recuperado su patrón de aprobación pro-pobre.

A comienzos de año, su patrón de aprobación era claramente pro-rico.

AprobacionHumalaNSE

Hoy el principal apoyo de Humala viene de los más pobres, al parecer por el efecto de los programas sociales, a pesar del descontento por su incumplimiento de promesas electorales.

4. Operativo apro-fujimorista por reconquistar ministerios sociales.
Ya controlan la política económica del país; sólo les falta controlar las políticas sociales, que sientan las bases de un apoyo político. Esta reciente embestida contra los programas sociales no se debería a que los programas sociales funcionan MAL, sino a que, contrariamente a lo que tratan de sembrar, funcionan BIEN: llegan a más gente que antes y con ello mantendrían la aprobación de Humala en las encuestas. Tumbándose este sustento, los fujimoristas, que se creen los dueños de los programas sociales, aumentarían las posibilidades políticas propias en futuras elecciones.

Los operadores políticos en acción son esterilizador Aguinaga, yanacochera Chacón, lengualarga Schaefer Cuculiza y ganacontratos Gago, con ayuda de los medios profujimoristas. Comenzaron con Cuna Más, siguieron con Juntos, y remataron con Qali Warma. Toda una campaña.

5. Evaluación de los programas sociales
Un programa, y más aún una política social, tiene que ser evaluada integralmente, en base a resultados. El interés político de la derecha está llevando a que se cree el estándar de que la evaluación de las políticas sociales se haga en base a denuncias de intoxicaciones o la falta de salubridad en algunos alimentos, denuncias que inmediatamente aparecen en sus medios. (Como se sabe, estos medios son expertos en ocultar lo que no les conviene. Con el antiguo PRONAA no había las denuncias que hoy se ven, pero no sabemos si porque ese programa era tan perfecto o porque simplemente no nos enterábamos de las intoxicaciones o de alimentos que no pasaban las pruebas de control de calidad en los lugares más remotos del país).

Sin embargo, contrariamente a lo que se viene sembrando en la opinión pública, si algo nos muestran los indicadores es que el programa de alimentación escolar llega a más gente (mayor cobertura) y que la asistencia escolar ha aumentado. Es decir hay una relación positiva entre mayor cobertura y mayor asistencia escolar.

CoberturaAsistencia
Fuente: INEI-ENAHO.

Faltaría verificar si además de esta relación positiva hay causalidad, es decir, si la asistencia escolar aumenta como resultado de la mayor cobertura de alimentación escolar.

6. Más programas sociales, menos conflictos sociales

En el último año, en contraste con su primer año de gobierno, el número de conflictos sociales muestra una ligera pero muy distinguible tendencia decreciente:

ConflictosAgosto2013

Tomado del Reporte de Conflictos Sociales de la Defensoría del Pueblo, Agosto 2013, aquí.

7. Cambio socio-político
Entonces, tenemos cuatro evidencias:

  1. aumenta la cobertura de los programas sociales y aumenta la asistencia escolar,
  2. hay una ligera caída en el número de conflictos sociales,
  3. los programas sociales sostienen la aprobación de Humala, y
  4. ahora el patrón de aprobación de Humala es claramente pro-pobre.

Este es un cambio silencioso, acaso similar al silencioso aumento de intención de voto por Humala en la primera vuelta del 2011. Lo que ocurre en la escena política para nada transmite lo que viene ocurriendo en los bastidores sociales.

Este conjunto de cambios no ocurrió sustancialmente en los gobiernos de Toledo o García, que no lograron que los alivios de la pobreza se convirtieran en apoyo político. La corrupción y los conflictos sociales les devoraron el apoyo potencial, cosa que Humala podría evitar. Su caída de aprobación parece haberse detenido, por lo que tiene ante sí una ventana de oportunidad para comenzar con tiempo una lenta redefinición política.1

  1. Ver otra vez La hipótesis de la derechización táctica de Humala
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31
may

Los ciclos de la lucha social en el Perú en la última década y media

A fines de los 90s la protesta social va al alza. La crisis económica y el hartazgo por los abusos del gobierno fujimontesinista lanzan a la gente a las calles a protestar. Esa ola de protestas acaba con la caída del fujimorismo, ver Las protestas en el Perú entre 1995 y 2006.

El regimen paniagüista y luego el toledista bajan la tensión social, pero sólo por un tiempo. Nuevamente vuelve la embestida oligárquica primero colocando a personajes neoliberales y fujimoristas en posiciones de gobierno que intenta relanzar una ola de privatizaciones. La protesta social vuelve a detenerlos. Principalmente el arequipazo de 2002 detiene las privatizaciones. Toledo se ve obligado a dar marcha atrás. La ultraderecha le pasa factura y lo demuele mediáticamente. Lo intentan vacar. El descontento es tal que en 2005 hay una asonada humalista en Andahuaylas. Toledo se acaba por portar bien, le ponen asesores y acaba decorosamente su gobierno, pero Humala abre una fisura que capitaliza electoralmente.

Alan García baja las tensiones por unos años, con lo que la protesta social remite, pero también coloca a personajes neoliberales y fujimoristas en posiciones de gobierno. Al poco tiempo lanza el discurso de “el perro del hortelano”. La reacción popular es masiva. Las protestas sociales en el país llegan a su nivel máximo y acaban sangrientamente en el “baguazo”. El gobierno alanista, por orientación de los EEUU, da marcha atrás. La protesta social vuelve a remitir.

Entra Humala con nuevos bríos. Vuelve a poner a personajes neoliberales y fujimoristas en posiciones de gobierno. Se desdice de sus promesas electorales. La protesta social vuelve a ir al alza y acaba sangrientamente en Madre de Dios, Espinar, Sechura, Bambamarca, Celendín. Humala parece dar marcha atrás. Las protestas sociales vuelven a remitir. La oligarquía no se lo perdona y lo demuele mediáticamente. Humala hace juego de cintura por algunos meses, hasta que vuelve a la carga nuevamente y lanza un paquetazo neoliberal a favor de la oligarquía. Las protesta social vuelve a estar al alza. La resistencia popular está servida.

Así, la historia del Perú reciente es una historia de luchas sociales entre el pueblo peruano y la oligarquía. La oligarquía pugnando por mayores ventajas de los gobiernos de turno, sus gobiernos, y el pueblo peruano resistiendo y no logrando aún tener un gobierno que verdaderamente represente sus intereses.

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14
ene

Alan García y su Pizarro colosal

1. Alan García y su Pizarro colosal
Alan García en “Pizarro. El rey de la baraja. Política, Confusión y Dolor en la Conquista”, Titanium Editores, Lima, 2012, nos ofrece un Pizarro colosal, un Pizarro con secretos del carajo, un manual de conducta política para las nuevas generaciones de peruanos en que el ex presidente decodifica de las acciones del conquistador lo que éste tenía en la cabeza. Así, le atribuye a Pizarro conocimientos, tácticas, principios, que explica en quince “reglas”.

Al leer el libro uno no puede dejar de pensar que García está hablando de sí mismo a través de Pizarro: de sus cambios de bando, de sus supuestas geniales tácticas para conquistar el poder, de su conducta inescrupulosa. Definitivamente, no estamos ante un libro de historia, sino ante un manifiesto personal alanista, un intento de ser Maquiavelo en el cuerpo del conquistador. Mejor hubiera sido que García extraiga sus quince reglas directamente de su propia experiencia como político y gobernante. En vez de presentar la crueldad y las promesas incumplidas del conquistador como perseverancia, hacer esa misma presentación en base a sí mismo, a sus escuadrones de la muerte, su enriquecimiento, su exilio en Colombia (y pedido de la nacionalidad colombiana) y luego en Francia y a tantas cosas que la ciudadanía peruana no olvida, comenzando por la gente de su propio partido. Los advertidos lectores peruanos definitivamente leerán su libro entre líneas, tomando acaso como algo positivo la motivación para repasar la conquista y verificar los hechos que García señala, por cierto en forma muy desordenada y repetitiva.

2. “No hay que ser economicista: la plata llega sola”
Alan García introduce su texto criticando el marxismo por economicista y proclamando la centralidad de la política para entender los procesos sociales.1

Es un error frecuente confundir los niveles de análisis. En el plano de las acciones humanas uno desde luego tiene que analizar la psicología de los agentes, sus motivaciones y sus interacciones; en el plano de los procesos sociales uno tiene que ir más allá de estos eventos y buscar aspectos más fundamentales como la la forma como en que esos seres humanos se organizan para producir y reproducir su vida social. El propio Karl Marx realizó detallados análisis de acciones humanas concretas en “Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850” o en “La guerra civil en Francia” sin un reduccionismo a “lo económico”.

Lo que es muy interesante y revelador es que Alan García sea tan enfático en afirmar la supremacía de la política por sobre la economía. Parece que las restricciones presupuestales no existen para él. En su primer gobierno su prioridad es concentrar el poder mientras la economía peruana colapsa por la hiperrecesión y la hiperfinlación; en su segundo gobierno resulta que “la plata llega sola”. En ningún escenario la economía es su preocupación, sólo el poder.

3. Pizarro, ¿principal o agente?
La conquista puede analizarse como una secuencia de eventos (contratos, batallas, emboscadas, alianzas, traiciones, etc.), pero también como un proceso social en que una entidad monárquica destruye y somete a un decadente y enfrentado conjunto social. Quienes acaban teniendo el poder no son los conquistadores, sino los reyes españoles. Lo que triunfa es el aparato estatal colonialista sobre el espíritu “emprendedor” y destructivo de los conquistadores.

Los conquistadores, con todo su talento guerrero y su falta de escrúpulos, son la avanzadilla, los subcontratistas, los agentes de un estado feudal. Nunca fueron los dueños del circo. Toda la conquista, comenzando por Cristóbal Colón, se hizo por contrato entre expedicionarios y la corona española. Los conquistadores son los agentes, y los reyes son los principales. En estos casos no falta el problema del riesgo moral. Algunos conquistadores que tienen sus propios proyectos personales son rápidamente “pacificados” por el poder monárquico. Ninguno fue un Alejandro Magno, un Julio César o un Pachacutec. Donde manda rey no manda conquistador.

4. La conquista alanista
Alan García sabe desde dentro cosas que “aun no entienden los fracasados en la política o el poder”:

Antes de estudiar cada una de las normas y reglas políticas de Pizarro, debemos analizar los elementos de su personalidad para comprender cómo estos lo predispusieron a la búsqueda y el ejercicio del poder por sí mismo, independientemente de la acumulación de riqueza, algo que aun no entienden los fracasados en la política o el poder y que compensan usando la política para medrar recursos y frivolidad. Pizarro era un hombre político con una gran vocación de poder, que ejerció de manera estratégica y calculada. p. 40.

García, como Pizarro, encontró condiciones favorables para su astuto actuar. Ambos recurrieron a hábiles gambetas políticas y procederes inescrupulosos. Pizarro encontró sociedades en conflicto, enfrentadas entre sí, y tuvo la pericia para aprovechar sus contradicciones a su favor. García heredó de Haya un aparato partidario que condujo dos veces hacia el aprovechamiento del poder, también aprovechando las contradicciones entre los grupos que le eran adversarios. García, evidentemente, se siente un político exitoso, según él, un Pizarro.

5. ¿Cuán exitoso fue Pizarro?
Hernán Cortés vivió más de dos décadas y media después de su encuentro con Moctezuma, mientras Francisco Pizarro apenas vivió ocho años después de su encuentro con Atahualpa. Hernán Cortés murió en España, tranquilo, en la cama; Francisco Pizarro murió en Lima, de una estocada en la garganta a manos de los almagristas, tres años después de morir Almagro. Los hermanos de Pizarro, convocados por éste para desplazar a Almagro y sus seguidores, también murieron.

Al final al supuesto maestro de la traición secuencial le pasaron la factura. Los frustrados almagristas lo mataron. La conquista le quedó grande, particularmente si lo comparamos con Cortés. Pizarro mató a espada y murió a espada.

El Pizarro alanista es negociador, paciente, sereno, se construye una legitimidad personalizada, diferente, de largo plazo, confundiendo al adversario, y evade responsabilidades atribuyéndoselas a otros. El Pizarro real muere personalizada y certeramente a manos de los nada confundidos almagristas, sin ninguna legitimidad, bien responsabilizadito.

Tal desenlace no es precisamente el de un político genial, sino el resultado de una secuencia de errores. Con tanta intriga y ambición él mismo preparó la estocada que lo liquidaría. García en su apología del conquistador no reconoce los errores pizarristas y los presenta como virtudes.

6. Y se llama Perú, con P de Pizarro.
El Perú es el país de América Latina que más culto le rinde a su conquistador. Esto no ocurre en México, país que experimentó una profunda revolución agraria, que por cierto fue inspiradora del partido matriz de Alan García.

En México el mestizo y hasta el blanco rechazan la figura de Cortés. En la Argentina, país de mayor presencia blanca que el Perú o que México, no hay identificación alguna con los conquistadores y, más aún, el símbolo patrio de todos es el Sol de Mayo, que no es otro que el sol de los Incas. En el Perú, en cambio, el culto al conquistador Pizarro, antes homenajeado en plena Plaza de Armas, no desaparece, sólo se transforma.

El hispanismo en el Perú es un timbre de orgullo en las clases dominantes. A pesar de las importantes transformaciones sociales del siglo pasado prosigue el morboso culto a la supuesta genialidad del conquistador. Lo que García aporta es desmarcarse del discurso hispanista que presenta a Pizarro como un noble caballero y presentarlo como un experto en malas artes, como un mangonero y manipulador. El Pizarro alanista es un Maquiavelo retrospectivo, que implícitamente se guiaría por sofisticados principios de la ciencia política moderna.

7. Las “reglas” de Alan Pizarro
El intento de Alan García de descubrir “reglas” políticas en Pizarro es más fútil que útil. Se advierte que quiere hacer pedagogía en las nuevas generaciones, formar “alanitos” desprejuiciados para la alta traición al amigo y la baja misericordia con el enemigo. No es que lo logre ni que diga nada que un aprendiz de político práctico no pueda aprender de otros textos y sobre todo en la práctica. Suena a que con este libro pasará lo que pasó con los libros anteriores de García, que quedaran anaquelados en los estantes de las promesas bonitas y falsas. Más interés tiene el libro como testimonio del discurso interno de un expresidente peruano sobre procederes políticos: menos aprendemos sobre Pizarro que sobre García.

  1. p. 25. “la explicación economicista de que la acumulación de la riqueza económica o de la propiedad de los medios de producción es lo que determina y explica el porqué de las decisiones políticas. Tal fue el aporte del marxismo. Pero esta tesis reductiva dejaba de lado factores básicos como la dimensión psicológica, el afán por el prestigio y el instinto por la dirección social, así como la habilidad desplegada por el actor para tales objetivos. Por ello, en los últimos años, la acción política y la ciencia del poder han comenzado a ganar independencia respecto a otros factores y ya no son definidias como un efecto necesario, un epifenómeno o, como peyorativamente se la llamó, una “superestructura” de la economía.”

    p. 26. “Fue la extradordinaria capacidad de Pizarro para constituir una élita y dentro de ella un “núcleo duro”; su habilidad para mantener confundido al adversario y para desplazar simbólica y psicológicamente sus responsabilidades sobre el oponente lo que le dio inmensa ventaja. Un lector economicista o marxista dirá que la élite de la propiedad y de la riqueza es siempre la dueña de las decisiones, pero eso solo será cierto si no existe en la excena un político profesional como Pizarro, Lenin o muchos otros en la historia y si otros factores como la cultura y la religión no tienen más fuerza que la economía en la situación concreta.”

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11
dic

1950s-1960s, Vicos: la intervención antropológica

[A sesenta años del inicio oficial del proyecto Vicos hay una producción intelectual reciente no sólo mucho más crítica con este proyecto, sino también mucho más explícita en reconocer el papel de este proyecto como parte de la geopolítica estadounidense en la guerra fría. Es el tipo de tema tabú que "todo el mundo sabía", pero que pocos intelectuales se animaron a señalar en tiempo real. Cualquier sospecha o alusión a una intervención política podía ser desmerecida como una acusación infundada, rumores, prejuicios, injusta ante gente tan prestigiosa académicamente. Tal vez sea que muchos de los antropólogos peruanos de los años cuarentas en adelante tuvieron buenas relaciones con los antropólogos estadounidenses que llevaron a la práctica los proyectos antropológicos-geopolíticos en el Perú y no fueron muy cuestionadores de los mismos. O tal vez compartieron sus objetivos. Vaya uno a saber. Recientemente un par de antropólogos estadounidenses, notablemente Eric Ross y Jason Pribilsky,1 ha sido muy explícito en ubicar este proyecto en el contexto de la guerra fría, del interés de los Estados Unidos en que países como el Perú hagan un cambios social "controlado" del dominio terrateniente a la propiedad campesina, sin caer en el modelo colectivista o comunista.]

1. ¿Qué es el proyecto Vicos?
El proyecto Vicos es un experimento de modernización del campo peruano venido desde afuera, que oficialmente duró de 1952 a 1962. La Universidad de Cornell alquila una hacienda localizada en Ancash, de propiedad de la Beneficencia Pública de Huaraz, y se convierte en el “patrón”. Entonces procede a cambiar las relaciones entre administradores y trabajadores agrarios. Se elimitan los servicios personales no remunerados, es decir, el pongaje, y las obligaciones de los campesinos de pagar renta en trabajo. Hace más horizontales y menos abusivas las relaciones entre mayorales y campesinos. Mejoran los cultivos de maiz y de papa y los campesinos llegan a tener excedentes que finalmente son destinados a comprar la hacienda de la Beneficiencia, con la oposición de Prado y Beltrán, que ven la propiedad campesina como un mal ejemplo para las haciendas vecinas. Es un proyecto apoyado financieramente por fundaciones estadounidenses como contraposición al desafío comunista de la Guerra Fría. Más aún, el proyecto surge en plena dictadura pro-estadounidense de Odría, quien ve el proyecto como una forma de darse una imagen progresista. Ver aquí la página del proyecto en la Universidad de Cornell.

2. Modernizando el campo peruano desde afuera
A fines de la Segunda Guera Mundial los antropólogos estadounidenses no fueron para nada ajenos a las necesidades de la Guerra Fría. Rapidito tuvieron que alinearse con la necesidad de entender más el mundo campesino e indígena y a pensar en una alternativa no revolucionaria para éste. Los países capitalistas veían en los campesinos un potencial revolucionario, que acabaría por llevar a los países más pobres de Asia, África y América Latina por la vía del comunismo. La pobreza en el área andina, en particular, es “un barril de dinamita potencialmente revolucionaria”, según Business Week. Es en ese contexto que surge la “teoría de la modernización”, principalmente impulsada por el Center for International Studies (CENIS) del MIT (Ross, abajo). El proyecto Vicos, un experimento de “antropología aplicada” es la principal “historia de éxito” de la aplicación de la “modernización”, no sólo para el Perú sino para todo el mundo.

3. La modernización de post-guerra: la solución al “problema del indio”
La revolución mexicana y rusa, los escritos de Haya y Mariátegui, notablemente con Valcárcel más impulsan un indigenismo socialista en el Perú que pone en jaque al poder terrateniente y feudal. Este indigenismo es un peligro para el poder oligárquico gobernante en el Perú en los 30s y 40s. Cualquier medida que azuzara a los siervos en el campo cuenta con el rechazo de los gamonales que necesitaban del trabajo impago de aquellos.

Por estas épocas los Estados Unidos crean el Inter-American Indigenous Institute, un proyecto de la Unión Panamericana financiado por el gobierno estadounidense. Esta organización tiene sus “secciones nacionales” en América Latina, cual esen el Perú el Instituto Indigenista Peruano, organización estatal creada en 1947 por el gobierno de Bustamante. Estas organizaciones tienen como objetivo investigar “el problema del indio” en los países del hemisferio occidental. Era una cuestión de interés nacional e internacional (es decir, estadounidense) (ver Priblinsky 2011). El desafío de Mariátegui en los “Siete Ensayos” y de Valcárcel en “Tempestad en los Andes” hallaba respuesta en el país que los mandó a encarcelar décadas antes (a Mariátegui en una comisaría de Lima y a Valcárcel en el Frontón), ver EEUU: “¡Detengan a Mariátegui”

Runas postrándose ante el patrón (la realidad que supuestamente ya no existía según algunos participantes de la mesa redonda del IEP en que criticaron la obra “Todas las sangres” de José María Arguedas.)

4. “El indio es el problema, el mestizaje es la solución”
La visión dominante en el Perú era la integración de los “indios” a través del mestizaje, la mezcla racial que convierte a los “indios” en “mestizos”. Este mestizaje incluye la eliminación de las identidades indígenas mediante un cabeceo armonioso entre la cultura española y pre-colombina. El proyecto Vicos va en esta misma línea: una aculturación inducida por una intevención planificada. El proyecto Vicos pone énfasis en el aprendizaje del castellano y la integración del indígena a la vida social del país a través de la conscripción para hacer el servicio militar y la vinculación con la civilidad circundante.

Esta concepción se advierte claramente en este video de la CBS:

La visión indigenista primigenia expresada por Valcárcel en “Tempestad” rechaza tales ideas y propone un relanzamiento de la raza indígena a través de la liberación de la opresión feudal y de la educación, dentro de una concepción agrarista.


5. La guerra fría de Odría y la Coca Cola de Artola
William Mangin en “Beyond Vicos” sugiere que el interés del gobierno derechista de Odría en un proyecto como el de Vicos podría deberse a que dos de los tres generales de la junta de la sierra provenían de la sierra del Perú: Manuel Odría provenía de Tarma y Armando Artola provenía de Recuay, en Ancash, del mismo valle del Santa como Vicos. Artola estuvo tan interesado en Vicos que lo visitó dos veces. Odría mencionó favorablemente a Vicos en dos de sus mensajes anuales al país. Carlos Monge Medrano, amigo de Holmberg, era co-director del proyecto Vicos, con sede en el “Ministerio de Trabajo y Asuntos Indígenas”. En la misma linea Paul L Doughty sugiere que, en un contexto de discursos desarrollistas en las Naciones Unidas y la Unión Panamericana, Odría quería tener algo que mostrar a nivel internacional sobre el carácter progresista de sus políticas domésticas.

Jason Pribilsky, en una línea más crítica, ve que la predisposición del gobierno peruano a aceptar un proyecto como Vicos viene de la cooperación del Perú con los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. (Por presión de los EEUU, el gobierno de Prado eliminó la presencia de los países del Eje en el transporte aéreo y expropió y redistribuyó las propiedades de los japoneses. A cambio, el gobierno recibió 18 millones de dólares de ayuda de los EEUU, destinados básicamente a intercambios culturales, contratos de negocios y ayuda médica.). Con el golpe de Odría se impulsa la inversión de los Estados Unidos en el Perú, particularmente en la minería, petróleo y la electrificación. Eric B. Ross señala que Vicos fue impulsado por la Universidad de Cornell en cooperación con el Instituto Indigenista Peruano, organización estatal que incluía en su junta directiva a generales del ejército.

El Instituto Indigenista Peruano es presidido por Luis E. Valcárcel, el autor de “Tempestad en los Andes”. Con el golpe de Odría Valcárcel es sucedido en el cargo por el biólogo Carlos Monge Medrano, amigo de Allan Holmberg. Es a través de Monge que Holmberg se pone en contacto con el Ministro de Trabajo y Asuntos Indígenas, el General Armando Artola, y con Julio Pereyra (Jefe de Asuntos Indígenas de ese ministerio). Holmberg celebraría la aprobación del gobierno de Odría ante el proyecto Vicos, pero resaltaría que Odría mismo se daría el crédito por el proyecto en un mensaje radial al país. El proyecto Vicos comienza en 1952, en pleno gobierno de Odría.

Carlos Monge Medrano, arriba, y Mario Vásquez. Intelectuales peruanos que co-dirigieron el proyecto Vicos con Allan Holmberg.
Imágenes tomadas de the Saturday Review, aquí.

6. Vicos, because of communism. El Perú en la geopolítica de la Guerra fría
Eric B. Ross establece muy cuidadosamente las conexiones entre la antropología de la modernización y la geopolítica estadounidense en la Guerra Fría. El CENIS del MIT tiene como primer director a Max Millikan, economista, ex director asistente de la CIA. Su principal interés en su labor es “la producción de una alternativa al marxismo”. El economista Walter Rostow, parte del CENIS dirigido por Millikan y su cercano colaborador, era muy explícito en señalar que el principal desafío para el Occidente era usar el proceso de modernización para su ventaja geopolítica, a la vez que minimizaba las oportunidades que éste ofrecía al avance del comunismo. Sobre esta colaboración ver aquí algunos documentos desclasificados gracias a la FOIA. Un país en el que se concentran en los cincuentas es India, al que ven en peligro de seguir el camino de China comunista. La Fundación Ford, según Ross entonces cercanamente asociada con las agencias de inteligencia estadounidenses, expande intensamente sus actividades en la India. En 1947 lanzan el proyecto Etawah, de desarrollo comunal, establecido, no por coincidencia, en una zona caracterizada por una sucesión de levantamientos campesinos que dan origen al Partido Comunista de la India (esta zona es particularmente importante en la rebelión de 1857 contra los británicos). A este esfuerzo luego se suman la fundación Rockefeller y la fundación Carnegie.

En 1936 se funda en la Universidad de Cornell el Departamento de Sociología y Antropología con académicos con una clara vocación de trabajo para el gobierno de los Estados Unidos: Lauriston Sharp, quien durante la guerra trabaja para el Departamento de Estado, Division of Southeast Asian Affairs; Alexander Leighton, quien no sólo trabaja para la Office of Strategic Services (OSS), antecesora de la CIA, y la Office of War Information (OWI), sino que es jefe de la Morale Analysis Division de los US Navy Medical Corps, con trabajo en el campo de concentración para japoneses-estadounidenses de la War Relocation Authority (WRA) en Poston, Arizona; Morris Opler quien también trabajó en un campo de concentración de la WRA en Manzanar como para la OWI. Era gente con experiencia en la guerra, que se dispone a continuar sus actividades en la post-guerra. Estos antropólogos, también intervienen en la India, tratando de generalizar en ese país la experiencia pilogo de Etawah. Esta experiencia, con otras similares en Tailandia y en una reservación Navajo en los EEUU constituyen antecedentes del proyecto Vicos.

El Departamento de Sociología y Antropología de Cornell se convierte en un importante socio para las políticas de Washington, con prominentes fundaciones privadas más. James A. Perkins, autoridad de Cornell, que llega a ser rector en 1963, está en excelentes relaciones con éstas, pues había sido vicepresidente de la Corporación Carnegie, director del banco Chase Manhattan de la familia Rockefeller, miembro del patronato de la Corporación RAND, esponsorizada por la Fundación Ford y miembro del patronato del Council of Foreign Relations (además de jefe del Research and Development Board of the Department of Defense, miembro del Gaither Committee, que define la posición del gobierno de Eisenhower sobre la carrera armamentista, jefe de la International Basic Economy Corporation (IBEC) de Nelson Rockefeller, que orienta la inversión de esa familia en América Latina y promueve el uso de semillas e insumos a tono con la “revolución verde”).

Holmberg con vicosino.

Con este impulso institucional es el financiamiento de la Carnegie Corporation que ayuda crucialmente a lanzar el Cornell-Peru Vicos Project. Es Holmberg quien reorienta el interés de Cornell de Asia hacia América Latina. En 1943, el Institute of Social Anthropology (ISA) expresa la necesidad de “mantener a América Latina dentro de la órbita política de los EEUU”. Cuando acabó la guerra y el ISA fue disuelto, en 1952, la mayoría de los antropólogos que allí trabajaban pasan a trabajar a la International Cooperation Agency (ICA), que es la antecesora de la USAID. ICA está fuertemente vinculada a los intereses de inteligencia del gobierno de los EEUU. Los antropólogos afiliados a esta institución que trabajan en Bolivia y en el sur del Perú prestan servicios en áreas en que se percibe un serio problema de agitación comunista. Uno de estos antropólogos es Allan Holmberg, estudiante de Yale de George Peter Murdock a fines de los treintas. En Yale Holmberg hizo sus pininos como asistente en los Human Relations Area Files (HRAF) hechos en 1937 como el Cross Cultural Survey of Yale’s Institute of Human Relations, realizado en los años de la guerra en colaboración con el gobierno de los EEUU que usa los HRAF como un medio de proveer inteligencia cultural que ayude a instalar un gobierno militar en las islas del Pacífico durante y al final de la guerra. Holmberg también es alumno del psicólogo John Dollard, cuyo hermano, Charles, resulta ser el presidente de la Carnegie Foundation.

Holmberg trabaja en 1942 para el Departamento de Estado y luego pasa a trabajar para la Rubber Development Corporation de la US Army en el oriente boliviano. Acaba su tesis en Yale en 1945 y luego va al Perú a trabajar como un antropólogo cultural al valle del Virú en un proyecto del Institute of Social Anthropology (ISA) y del Smithsonian Institution. Ese proyecto determina el interés de Holmberg en el Perú. En 1948 deja el ISA y se incorpora a Cornell. En 1948 a través de Morris Opler presenta un proyecto a la Corporación Carnegie para desarrollar un proyecto de cambio tecnológico y cultural en el Callejón de Huaylas, importante por sus recursos naturales, su oferta laboral y su cercanía a la costa. La preferencia de Holmberg por Vicos se debía a que veía a los vicosinos como gente “aborigen” que vive en una sociedad medieval, aislada de la historia.

Vicos: experiencia de “modernización” planteada como ejemplo para zonas campesinas del sur del Perú, con proyección a toda el área indígena andina y hasta guaraní.

7. “Cambio controlado” para evitar el estallido social
Los años cincuenta no son sólo años de guerra fría en Europa y Asia, sino que plantean un nuevo desafío en el área andina: la revolución de 1952 y la reforma agraria de 1953 en Bolivia. Mal ejemplo para el Perú de Odría.

Holmberg se plantea como objetivo explícito que Vicos sirviera como un modelo que fuera difundido por todo el Perú y el mundo. Era un cambio inducido desde afuera por los Estados Unidos, pero con la cooperación de antropólogos locales, de la Universidad de San Marcos, nucleados en el Instituto Indigenista Peruano. La “intervención participante” serviría para mejorar las condiciones de vida en áreas como la salud, educación y agricultura. El estándar de vida mejoraría hasta que los propios vicosinos pudieran participar con todo del mundo moderno. Era la solución al “problema del indio” y serviría de modelo exportable de cambio social dirigido que competiría con el paragidma de desarrollo soviético. El proyecto Vicos contaría con la oposición manifiesta del Partido Comunista en la ciudad de Huaraz, lo cual era tomado por los antropólogos estadounidenses (y sale sugerido en el video de la CBS) como una buena señal pues se reconoce que el éxito de Vicos reduce las posibilidades de fomentar una revolución violenta. (Ross, Piblinsky, ver citas abajo).

En los Estados Unidos para nada le falto diseminación a este proyecto, planteado explícitamente como un modelo contrario al comunista:

Saturday Review, noviembre de 1962:

La revolución soviética en Rusia ha capturado la imaginación de millones al convertir a los pueblos campesinos aislados y empobrecidos en una nación poderosa en menos de un siglo… Es curioso que buscando una oposición a la influencia de tan drástico logro, los geopolíticos de la democracia americana hayan pasado por alto o ignorado la presencia tan cercana de un experimento que ha elevado el espíritu humano en 400 años de tiempo en sólo una década. Hablo de Vicos.

Selecciones del Readers Digest, abril de 1963:

Mientras los soviéticos hablaban de mejorar la vida de los pueblos subdesarrollados…. los vicosinos se liberaron del yugo del feudalismo en una sola década.

8. Entre el gamonalismo y el comunismo: “el gringo”
Los Estados Unidos aparecían así teniendo una alternativa al gamonalismo latinoamericano y al comunismo soviético, en plena dictadura militar de Odría apoyada por la oligarquía, precisamente feudal y terrateniente. Los antropólogos estadounidenses tenían una buena imagen, no sólo entre los campesinos, sino también entre sus contrapartes intelectuales peruanas. Si la revolución mexicana, soviética y china mostraban la viabilidad de un camino revolucionario, los Estados Unidos habían reaccionado relativamente rápido en contraponer una alternativa no revolucionaria, de cambio dirigido.

“El Gringo” personaje de la fiesta del Carmen en Virú, donde también trabajó Allan Holmberg.

9. El “mal ejemplo” de Vicos y la oposición oligárquica
Los terratenientes también ven con recelo la transformación que se realiza en Vicos. Tanta horizontalidad con el indígena no les hace ninguna gracia, pues ven en ella la fuente de su futura caída. Según cuenta William F. Whyte en “Participant Observer”, el proyecto Vicos contemplaba que los vicosinos se harían propietarios de la hacienda en 1956. El Instituto Indigenista Peruano y los antropólogos de Cornell le pidieron al gobierno de Prado y Beltrán que cumplan con su compromiso. Henry Dobyns, que representaba a Holmberg en el Perú, le pregunta directamente a Petro Beltrán, primer ministro de Prado:

- ¿Honrará su gobierno su compromiso con el pueblo de Vicos?

Y Beltrán le responde honestamente:

- Desde luego que no. Crearía un precedente terrible.

El gobierno de Prado hablaba elogiosamente y con jactancia del proyecto Vicos, pero no quería que tuviera mayores repercusiones y menos que alentara la creciente presión social por realizar una reforma agraria que reestructure la propiedad de la tierra en el Perú. El gobierno hablaba de “reforma agraria”, pero por ella entendía la colonización de la ceja de selva por colonos venidos de la sierra del Perú.

10. Kennedy en Vicos
En 1961 Edward Kennedy, el hermano menor del presidente Kennedy visita Vicos. Les pregunta a los vicosinos qué quieren de los EEUU. Éstos le responden que quieren ayuda para un proyecto de desarrollo rural conducido entonces por Paul Doughty, parte del equipo del proyecto Vicos. Kennedy no sabía mucho del Perú, pero escucha. Quiere saber qué pensaban los indígenas sobre los EEUU, sobre la democracia, sobre el comunismo. Habla con ellos a través de un traductor.

Kennedy sostiene un encuentro personal con Prado y allí le pide que honre la promesa del gobierno que Vicos pase a ser propiedad de los campesinos. En 1962 en las oficinas del Ministerior de Trabajo se firma el contrato que les otorga la propiedad a los vicosinos, que acaba comprando la haciendo a un precio elevado. Tanta visibilidad de Vicos había encarecido la tierra. La Beneficencia de Huaraz pide 4 millones de soles, pero el gobierno interviene y logra que el precio se reduzca a 2 millones. Los vicosinos pagan medio millón en efectivo, tienen que epagar otro medio millón en los siguientes tres años y el millón restante en veinte años. Un arreglo que contenta a los vicosinos, pero que demuestra que incluso este tipo de transición, una suerte de “reforma agraria”, es posible solamente con la voluntad política del gobierno de transferir la propiedad de la tierra a los campesinos indígenas.


Ted Keneddy en Vicos. Entonces no tenía ningún cargo político, pero era el hermano del presidente.
En 1966 el senador por New York Robert F. Kennedy daría un discurso en el congreso de los EEUU condenando el dominio terrateniente en el Perú.
Ver 1966: Robert F. Kennedy en el Perú

11. Cuerpos de paz
La era Kennedy en los sesentas tiene desafíos diferentes a la era Einsenhower en los cincuentas. El ejemplo para el Perú ya no es la revolución boliviana, sino la más radical revolución cubana. Después de fracasar la invasión estadounidense en Bahía de Cochinos, EEUU prefiere recurrir a formas de intervención más sutiles en la región. Vicos pasa de ser un experimento a ser un modelo replicable. Kennedy crea los Cuerpos de Paz y el Perú es uno de los grandes receptores de este personal. Vicos se convierte en un centro de entrenamiento para los Cuerpos de Paz. Estos voluntarios estadounidenses son entrenados en Vicos para que realicen otros proyectos en el Perú y en otros países.


Allan Holmberg, Aída Milla y J. Mayone Stycos. Por acción de Aída Milla la comunidad de Vicos expulsa a los Cuerpos de Paz. Las versiones escritas al respecto (incluyendo informes oficiales coautorados por Holmberg) son de autores estadounidenses y todas acusan a Milla de maledicencias contra los voluntarios, todas con un cierto tufillo machista.

12. Cambio en los campesinos, cambio en los intelectuales
En 1964 los propios vicosinos expulsan de Vicos a los Cuerpos de Paz. El antropólogo Richard W. Patch, que más que investigación parece que hace reglajes, en Vicos and the Peace Corps: A failure in intercultural communications (necesita suscripción) sostiene que la expulsión ocurre por acción de Aida Milla, esposa de Mario Vásquez, uno de los antropólogo peruanos encargado del proyecto Vicos, de conocida militancia aprista. Es ella la que, según Patch, en base a prejuicios y al rechazo a los “gringos” tergiversa un intento de los voluntarios por ayudar a los vicosinos a adquirir un hotel en la vecina localidad de Chancos. Este voluntario habría puesto su propio dinero para que los vicosinos compren el hotel de Chancos, pero esto habría sido malinterpretado por Aída Milla quien, vestida con ropas típica vicosina aunque sin serlo ni hablar quechua, habría sembrado maledicencias sobre las intenciones de los Cuerpos de Paz, en ausencia de su marido. La versión de esta fuente y de otras fuentes estadounidenses son las más disponibles, a diferencia de la versión de los antropólogos peruanos (a la que no he podido acceder).

Sea como sea, la expulsión de los Cuerpos de Paz en tan modélico proyecto marca un cierto cambio de temperamento entre los intelectuales peruanos hacia los proyectos de los estadounidenses. Había menos aceptación de la que había en la década anterior. El proyeccto guerrafriista de los antropólogos estadounidenses no sólo había inducido el cambio en los campesinos indígenas, sino tabién en sus colegas peruanos, para nada insensibles a la realidad opresiva del campo peruano.

Al final, el antropólogo Mario Vásquez formaría parte del equipo del Ministerio de Agricultura que durante el velasquismo realizaría la reforma agraria.

13. Un contrapunto entre Allan Holmberg y Hugo Blanco
En los sesentas los tiempos había cambiado y el campo peruano viviría grandes movilizaciones campesinas exigiendo su derecho a la tierra.

Enrique Mayer escribe un capítulo de “Vicos and Beyond” en el que hace un esbozo de un contrapunto entre Allan Holmberg y Hugo Blanco. El primero se convierte en un patrón, el segundo se convierte en un arrendire. Si Allan Holmberg hace su “intervención participante” jugando el rol de terrateniente y tratando de realizar un cambio controlado, Hugo Blanco también hace una suerte de “intervención participante” haciendo huelgas y boycots contra los terratenientes. Allan Holmberg se había formado en Yale, Hugo Blanco en La Plata. Allan Holmberg regresaría a Cornell, Hugo Blanco acabaría en El Frontón.

14. Cambio agrario con Vicos o sin Vicos
El antropólogo William P. Mitchell sostiene que las premisas de aislamiento de los vicosinos, asumidas por Holmberg, no eran correctas. Por lo tanto, la fuerza liberadora del proyecto Vicos no era tan grande como sus impulsores se habían imaginado, “la primera reforma agraria que impulsó el desarrollo indigena en el Perú”. Los cambios que se viven en Vicos se viven también por todo el Perú.(Hablando en lenguaje de la econometría experimental se podría decir que el impacto de Vicos era tal vez grande si se hacía una comparación “antes” y “después”, pero si a Vicos como grupo “tratado” se le añadía a todo el Perú como “grupo de control”, el impacto era mucho menor.) Mitchell un cuadro que se puede traducir así:

Utopía imaginada y realizada:Cambios sociales
En Vicos En todo el Perú
Escuelas + +
Estudiantes + +
Hablar catellano + +
Alfabetización + +
Agricultura + +
Comercio + +
Trabajo no agrario + +
Servicios de salud + +
Migración + +
Migración de retorno + +
Propiedad de la tierra + +

Mitchell es más duro aún:

En los sesentas el Proyecto Vicos ayudó a que los antropólogos se sintieran bien, convenciéndolos de que tenían el poder de crear un mundo mejor. Yo quisiera que tengamos ese poder, pero los cambios extendidos por todos los Andes peruanos sin ninguna intervención antropológica nos deberían enseñar a ser más humildes sobre el poder de la antropología para cambiar el mundo.

A esto se suma, dice Mitchell, la consideración hecha por Ross del proyecto Vicos como pieza de la guerra fría en el Perú. En suma, pocos beneficios reales y mucha intervención geopolítica.

La casa del Proyecto Vicos que pasa a ser la sede de la Comunidad Campesina de Vicos.

15. Vicos y su similitud con la reforma agraria velasquista
El antropólogo Enrique Mayer ensaya la tesis que la reforma agraria velasquista en buena cuenta sigue el modelo de Vicos. Algunos de los rasgos de Vicos fueron:
- las obligaciones colectivas continúan,
- la tierra no se distribuye,
- las ganancias revierten a la comunidad,
- el poder fue “democratizado”,
- se instituyó programas de modernización,
- se entrenó a antropólogos.

Mayer sostiene que la reforma agraria velasquista en las unidades reformadas siguió los mismos patrones de gobierno y administración de Vicos. La unidad adjudicataria era una cooperativa, sin propiedad individual. Ningún beneficiado por la reforma agraria recbió ningún pedazo de tierra, pero sí el privilegio de ser un socio de la cooperativa. Mayer asume en parte la crítica que la reforma agraria no significó ningún gran cambio para la gente loca, excepto el patrón. Las ganancias de la cooperativa se distribuían en la forma de servicios comunales. Mayer afirma que a la cooperativa de Vicos bajo la dirección de los asesores del Proyecto Perú-Cornell les va bien por varios años, a diferencia de las cooperativas post-reforma agraria, bajo la poco iluminada asesoría del SINAMOS, que les va mal. Al igual que en Vicos, el estado mantien hasta el último momento la prerrogativa de otorgar la propiedad de la tierra a la comunidad hasta que ésta pague su deuda agraria. En 1979 bajo exigencia de las izquierdas argumentando la explotación pasada del campesinado indígena, en particular de Hugo Blanco, la deuda agraria es condonada. Los vicosinos siguen pagando hasta 1970, en que por el terremoto de Ancash todas las deudas de la zona son canceladas. Mayer menciona que hasta hoy los vicosinos están orgullosos de no haber participado de la reforma agraria.

16. Vicos rechaza a Sendero
Sendero Luminoso llega a Vicos en los ochentas y fuerzan una asamblea en que le piden apoyo a la comunidad. Los comuneros después tienen otra asamblea en que deciden no apoyar a Sendero Luminoso. Cuando una columna de Sendero vuelve a la zona los vicosinos capturan a los senderistas, los azotan y les advierten de no venir más a Vicos. Luego, según algunas versiones, los habrían entregado a la policía. En la plaza de Vicos hay una piedra que indica el lugar dónde los senderistas fueron amarrados y azotados. En el vecino pueblo de Marcará los senderistas matan a Tomás Ramírez, director del PNIPA.

17. Epílogo: no uno, sino muchos Vicos
Las lecciones de Vicos no son sólo para el Perú, sino para todo el mundo. Al respecto tenemos el post de Barry R. Bainton Vicos – Mythical or Pragamatic Theory of Controlled Change que nos comenta en su calidad de estudioso del Proyecto Vicos y voluntario de los Cuerpos de Paz que la estrategia no militar de Vicos se ha continuado aplicando en países como Vietnam y más recientemente en las intervenciones estadounienses en el Medio Oriente en problemas de formación nacional, estabilización política y reconciliación. Hoy mismo hay un debate sobre el rol de la antropología en “Human Terrain Analysis”, el último intento de desarrollar una teoría de “cambio controlado”. Cita el artículo de Time Should Anthropologists Help Contain the Taliban?. La pregunta para él como antropólogo es “¿estamos ante algo en que yo me quisiera involucrar? y “¿hay algo en que en realidad podamos contribuir?”:

The question anthropologists must answer for themselves and as a profession, “Is this something we want to be involved in; and Is there anything that we really have to contribute?”

Y ya en el Perú, pues queda claro que Vicos fue un hito en la intervención de los Estados Unidos en el país. Este proyecto fue el antecedente de varios otros proyectos que se desarrollan en el campo peruano, pasando por las intervenciones antisubversivas de los 60s, 80s y 90s, las esterilizaciones de USAID de los 90s, hasta llegar a la erradicación de cultivos del presente.

Campesinos preparando el pesticida (DDT). Mario Vásquez y vicosino fumigando los campos con DDT.

La realidad de las haciendas: runas haciéndole venias al patrón.

La modernidad traída por las fundaciones, gobierno y antropólogos estadounidenses: fumigando personas con DDT.

ArguedasVicos

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A.1948: Allan Holmberg, profesor de la Universidad de Cornell y director del Cornell-Peru Project, en Vicos, rodeado de sus estudiantes de la Universidad de San Marcos.
El acuclillado de la izquierda es José María Arguedas.

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  1. Ver:

    Ver también:

    Finalmente, Rodrigo Montoya hace una evaluación crítica del pensamiento antropológico en el Perú en Colonialismo y antropología en el Perú. Ajusta cuentas con el pensamiento antropológico culturalista estadounidense que es el que da origen a la antropología peruana. Lo califica de proimperialista y limitado:

    Las tipologías que resultan que resultan sobre el país se expresan en términos raciales-culturales indios, cholos, mestizos, criollos y la explicación de lo que ocurre en el fondo de la matriz estructural del Perú está ausente. ¿Podemos seguir haciendo esta Antropología? Evidentemente, NO.

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nov

Insurgencias y post-insurgencias

“Por una parte, la historia de la filosofía muestra en las diversas filosofías que van apareciendo una sola filosofía con diversos peldaños de formación y, por otra parte, muestra que los principios particulares, uno de los cuales subyace en cada una de las filosofías, son solamente ramas de uno y el mismo todo.”
Hegel1

1. Hegel en los Andes
Hegel decía que no hay diversas filosofías, sino una sola que se va desarrollando. ¿Qué tal seguirlo y ver a las diversas insurgencias ocurridas en el Perú como una sola que va mutando en el tiempo? Para eso hay que salir alguito de la la visión fragmentalista del pais y tratar de establecer conexiones entre lo que parece ser inconexo.2 “Son fenómenos muy diferentes que no pueden ser comparados. No se pueden mezclar papas con camotes” se suele escuchar o leer. Todo se puede comparar si hay un denominador común para hacerlo. La diferencia por más grande que sea no impide la comparación. Precisamente, establecer una diferencia ya es comparar. Pero claro, hoy como ayer, hay un ambiente represivo en el país, lo cual refuerza que las generaciones antes radicales rechacen que se establezca conexiones con los radicalismos más recientes. La gente cambia, pierde filo, reniega de sus actos de juventud y no quiere verse asociada con lo que hacen los que ahora son jóvenes. “No se puede comparar”. Aquí ensayaré ver las cosas de otra manera.


El padre de Mafalda: todas las generaciones fueron condenadas por las anteriores en tiempo real, pero cuando envejecen acaban por condenar a las nuevas generaciones como las condenaron a ellas.

2. Factor sorpresa y factor alerta
El estado estuvo alerta para combatir la insurgencia de los 60s, pero fue sorprendido por el discurso de la insurgencia derrotada.
El estado fue sorprendido por la insurgencia de los 80s:, pero estuvo alerta para combatir el discurso de la insurgencia derrotada.

En los 60s la contrainsurgencia de la CIA ya sabía que en el Perú se preparaba un intento insurgente, aquí. En seis meses las fuerzas armadas y policiales con apoyo de los EEUU derrotaron a la insurgencia. Sin embargo, la insurgencia ganó la batalla de las ideas después de ser derrotada. Tomó mucho tiempo, más de una década, derrotar al discurso insurgente metamorfoseado.

En los 80s, en plenas elecciones, pocos se esperaban un intento insurgente. Tomó mucho tiempo que el estado se pusiera las pilas; tuvo que realizar una larga lucha, de más de una década, para derrotar militarmente a la insurgencia. Sin embargo, el estado aprendió la lección de la insurgencia anterior y no ha dejado que ningún discurso insurgente metamorfoseado pueda recuperar terreno. En tal sentido, en el presente vivimos una situación de contrainsurgencia sin insurgencia, una contrainsurgencia preventiva.

3. Perdedor gana
Los romanos se impusieron militarmente a los griegos, pero éstos se impusieron culturalmente a aquellos. La insurgencia de los 60s fue derrotada militarmente, pero triunfó ideológica y moralmente. Y para hacer las cosas más paradójicas los propios represores de la insurgencia fueron los que asumieron su programa. Sin embargo, al hecerlo se enfrentaron a los mismos problemas que llevaron a la insurgencia a la derrota.

La falta de apoyo del pueblo que aisla al insurgente en el monte se repite con el militar reformista que queda aislado en su despacho de mando. Tanto los insurgentes como sus sucesores militares quisieron hacer una revolución para el pueblo. La de los insurgentes revolucionarios fue desde abajo, la de sus represores reformistas fue desde arriba. Si un De la Puente se chocaba con la realidad que sus promesas de darles las tierra a los campesinos no eran suficientes para lograr su apoyo, un Velasco se chocaba con la realidad que haberles dado la tierra a los campesinos tampoco era suficiente para lograr su apoyo.

4. Las masas asimiladas
En el Perú hubo un partido de cuadros y de masas que reclamaba cambios sociales: el APRA. Era la esperanza de mucha gente que quería cambiar el sistema opresivo y oligárquico. En los 30s las masas apristas, y comunistas en la sierra central, tenían un gran ímpetu revolucionario. Dos décadas después, salvo grupos radicalizados apristas, poco quedaba de ese ímpetu. La oligarquía se presentaba como indestructible y Haya de la Torre prefirió cambiar de rumbo: negociar la legalización de su partido a cambio de ser aceptado por el poder oligárquico. Algo parecido ocurrió con un desilusionado y amargado Eudocio Ravines, recibido con los brazos abiertos por la oligarquía. Las fuerzas del cambio social habían desaparecido del escenario político. Encima que poca gente podía elegir, que esta poca gente lo hacía con muy poca frecuencia, las opciones disponibles eran casi todas pro-oligárquicas. En estas condiciones, ¿cómo se podía hacer un cambio social que beneficiara a las mayorías que ni siquiera votaban?

Si el APRA, y en menor medida el PC, había abierto una fisura en el poder oligárquico en los veintes y treintas, décadas después ese caudal de apoyo se había malversado como fuerza de cambio, pero se había consolidado como fuerza electoral, que acabaría por reforzar el sistema. Si alguien quería hacer un cambio, tenía que volver a comenzar de nuevo, como en los veintes y treintas: armar discursos, formar líderes, hacer carne de nuevo en el pueblo peruano. Son cosas que no se hacen tan rápidamente. La revolución cubana daba momentum, había inquietud, pero no había tiempo. Las izquierdas habían sacado un magro, pero crítico 3.5% en las elecciones de 1962. Algo es algo, pero no era suficiente. Las soluciones eran vanguardistas: vanguardistas militaristas primero y vanguardistas militares luego. El grueso de la población políticamente activa reaccionaría con indiferencia y rechazo ante la primera y con indiferencia y rechazo ante la segunda, pero ambos vanguardismos moverían el piso de la sociedad oligárquica.

Es que aparte de la fisura política, se había abierto una fisura social: las clases medias habían logrado entrar a la universidad, los yanaconas de la gleba habían migrado a los ciudades, la expansión de las postguerra había chorreado alguito al Perú. Si los sectores más radicales quedaban impresionados por la revolución cubana, los más moderados quedaban impresionados por las promesas de Belaúnde, un oligarca que iba de democrático y modernizante que se percataría de la importancia del voto izquierdista antiaprista y lo capitalizaría a su favor. Había esperanza en cambios desde el estado sin necesidad de revolución alguna.

5. No una sino muchas metamorfosis
Los insurgentes abrirían la mente de los militares y ambos influirían en la población políticamente activa. El belaundismo abriría las puertas para el velasquismo, y en cierto sentido compartirían agenda. Los democristianos que trabajaron con Belaúnde se quedaron a trabajar con Velasco, pues la agenda era muy parecida: reforma agraria con Belaúnde, reforma agraria con Velasco. (Por eso el rechazo que Belaúnde aún despierta en los sectores más reaccionarios de raigambre beltranista.) De un 3.5% que sacan las izquierdas en 1962 pasan a sacar un 30% en 1978. Inusitado. Es un antes y un después. El mensaje de cambio venido desde arriba, desde el centro y desde abajo llega a un sector de una nueva y ampliada ciudadanía. Desde entonces no ha dejado de haber un voto izquierdista, más que capitalizado canibalizado por otros sectores políticos, ante la disgregación y asimilación izquierdista (voto dividido en 1980, por Barrantes en 1985, por Fujimori, por Toledo y finalmente por Humala). Se había pasado de la fisura al boquete y del boquete a la inundación. Sin embargo, con el paso del tiempo este caudal electoral no logró que se realizaran cambios sociales a su favor. Al igual que la consolidación electoral aprista, el voto neoizquierdista fue siempre malversado. Las elecciones acababan por no ser un medio sino un fin en sí, una formalidad con valor de entretenimiento, que daba la satisfacción temporal de ver ganar a un candidato con poco filo para atenuar a una omnipotente y resucitada oligarquía.

6. Pensamiento Artola
No todo el estamento militar se había visto erosionado por su combate a la insurgencia. Buena parte del mismo seguía siendo fiel defensora del sistema. El general Artola no estaba para sutilezas como distinguir el trotskismo del maoismo del castrismo. Pero esta aparente falta de ciudado para el detalle le permitía ver el bosque. En el Perú había habido una muy atrevida intentona subversiva que no había sido derrotada del todo, e incluso había logrado formar parte del gobierno militar. La subversión seguía latente y poder seguir ahí incluso habiendo sido derrotada militarmente. Podría ganar en ideas, podía influir incluso en sectores inauditos como los militares. Artola escribe su libro en 1976, en plena redefinición derechista del gobierno de Morales Bermúdez. Se había creado en el Perú una lógica auténticamente reaccionaria, que apuntaría a desmontar las reformas belaundista-velasquistas producto de la presión social de las mayorías.

7. La antítesis guzmanista
Parece muy pacífico, pero el Perú secreta violencia. Nuestro imaginario es Grau, pero nuestra realidad es Giampietri. El imaginario es también Guevara, pero la realidad es Guzmán. Eso es lo que nuestra sociedad produce.

En los ochentas tuvimos la negación de los sesentas. La insurgencia de Guzmán es la antítesis de la insurgencia de De la Puente y de Béjar, afirmación que ya sostuve en 1965: Guerrillas latentes.

Guzmán no la prepararía en un mes ni en un año, sino en una década. Tenía trabajado un apoyo que no tenían los foquistas de los sesentas, que siguiendo a Guevara creían que la presencia insurgente catalizaría el apoyo campesino. Guzmán había creado un tejido de afiliaciones y alianzas que sustentaron las primeras acciones insurgentes.

Guzmán sabría desde el primer momento que no habría una guerra caballerosa. A Lobatón lo lanzaron de un helicóptero, a De la Puente lo ejecutaron y le cortaron la cabeza. De poco serviría ser compasivo. Guzmán daría el primer golpe violento y abrumador. Sus seguidores irían a matar y a morir, dando lo que llamaron una “cuota de sangre”.

Guzmán sí contaría con el crucial factor sorpresa con el que no contó un infiltrado De la Puente. Al estado le tomaría tiempo salir de su incredulidad y demoraría tres años en movilizar al ejército. Ya en 1965 Lobatón había demostrado que la insurgencia podía resistir y hasta derrotar a la policía. Para Guzmán la lentitud estatal fue un factor crucial en la primera expansión senderista. A la sorpresa de sus acciones iniciales se sumaría además la sorpresa de constatar el apoyo inicial a la insurgencia. El hecho más emblemático de esta etapa sería el multitudinario entierro de Edith Lagos.

Guzmán sabría que las acciones violentas tenían el poder de intimidar y lograr apoyo campesino. La ejecución de los Carrillo, terratenientes locales, por el ELN en Oreja de Perro había animado a los campesinos explotados por estos terratenientes. El ELN con muy poco trabajo político en la zona había logrado la simpatía campesina en base a esa ejecución (incluso la CVR se refiere a esa ejecución en forma relativamente favorable). Algunas acciones violentas senderistas les darían apoyo en algunos sectores, como les provocarían el rechazo en otros, y sobre todo la credibilidad que estaban dispuestos a todo por tomar el poder.

Guzmán no se detendría ante el rechazo del pueblo, como le pasó a Heraud, o ante la delación como le pasó a De la Puente. La respuesta de la insurgencia guzmanista ante tal rechazo sería una mayor violencia, como en Lucanamarca, o en ejecuciones públicas como en tantos lugares del Perú. Rompería el tejido social existente, que le era totalmente desfavorable, y trataría de reemplazarlo por uno afín a su proyecto insurgente.

Tal negación le daría resultados. La insurgencia guzmanista se expandiría por casi todo el país, más que la insurgencia de los sesentas, ganaría simpatías de los segmentos más descontentos en un país en crisis económica. En el camino a Guzmán le surgiría la competencia de un grupo surgido de la vieja “nueva izquierda”, el MRTA, que comenzaría como una “insurgencia caballerosa” y seguidora de la insurgencia sesentera, pero en pocos años esta competencia convergiría en métodos a los de Guzmán, ejecutando a dirigentes sociales. No había “insurgencia caballerosa”, que respete los derechos humanos. Se había impuesto la dinámica impulsada por Guzmán y en realidad impulsada por el estado, que décadas antes ejecutó a los insurgentes.

Pero tal expansión no llegaría más allá de cierto nivel. No se expandiría lo suficiente para disputar realmente el poder. Y las razones de su fracaso fueron las mismas que las razones de su éxito inicial. La misma violencia guzmanista que expandió a su insurgencia allende a lo que llegó la insurgencia sesentera se volvió contra ella. Si Guzmán reaccionaba con violencia contra los campesinos que lo rechazaban, pues éstos colaborarían con el estado y reaccionarían violentamente también. Los senderistas y emerretistas serían ejecutados no sólo por las fuerzas policiales y militares, sino por paramilitares apristas y rondas campesinas. Y lo mismo pasaba en las ciudades. Mientras en El Salvador y Nicaragua los mismos dirigentes sociales simpatizaban con la insurgencia, en el Perú no había esa simpatía, y más bien Sendero los mataba o intimidaba. ¿Cómo podía triunfar intimidando o matando a quienes más necesitaba para ganar?

Cuando Guzmán finalmente es capturado, su organización había sido ya muy golpeada a nivel político y militar. Aparentemente estaba avanzando, pero el estado ya tenía la iniciativa y hasta se dio el lujo de postergar la detención de la jefatura, pues necesitaba validar su agenda de reformas neoliberales. Una organización caudillista y centralizada desde luego que tuvo “problemas de dirección” para proseguir. Tuvieron que dejarlo y negociar con el estado. El MRTA prosiguió y dio su último golpe importante cinco años después de la captura de Guzmán, sin ninguna negociación ni acuerdo. Igual la insurgencia llegaba a su fin.

8. La post-insurgencia
Veinte años después de la captura de Guzmán y quince después de la toma de la casa del embajador japonés, ya no hay ningún proyecto insurgente a la vista. Como resaca quedan bolsones de hombres armados en la ceja de selva, al parecer gravitando en torno al narcotráfico y al sabotaje de actividades extractivas. Los ex-insurgentes no están pensando en una nueva insurgencia. Ya cumplieron su ciclo. Lo intentaron y fracasaron, como antes otra insurgencias. Pero hoy el estado reacciona con una lógica de contrainsurgencia preventiva a lo Artola. El tema no es militar, sino político, y no es sólo cuestión de prevención a futuro, sino de aprendizaje del pasado: los sectores más conservadores aprendieron su lección de la lucha contra el APRA y el PC aurorales, de la insurgencia foquista y del desmontaje del velasquismo. Saben muy bien que la post-insurgencia puede llegar a tener un gran poder de cambio en el país. Su lógica no es de haber derrotado a una insurgencia y de haber comprendido que el Perú necesita cambios, como después de los 60s. Un sector similar sí que existe en la actualidad y el país lo advirtió en los “reservistas” de la década pasada, radicalizados ex-reclutas, que derrotaron a la insurgencia; pero es un sector hasta ahora mímino políticamente, que sirvió de trampolín de lanzamiento a Ollanta Humala. La lógica actual es reaccionaria: la insurgencia de los ochentas dio aire a reformas pro-oligárquicas, a diferencia de la insurgencia de los sesentas que dio aire a reformas anti-oligárquicas. Si la insurgencia de los sesentas implantó una “comisión de la verdad” en la conciencia de los militares, la insurgencia de los ochentas implantó el rechazo a la “comisión de la verdad” en la conciencia de los militares. Si la insurgencia de los ochentas fue la antítesis de la insurgencia de los sesentas, también la contrainsurgencia de los ochentas fue la antítesis de la contrainsurgencia de los sesentas.

Con los sobrevivientes insurgentes de los ochentas no hubo los indultos como los que dio Velasco a los sobrevivientes insurgentes de los sesentas, pero sí hubo la revisión de juicios de Paniagua y Toledo. El resultado es que comienzan a salir en libertad y comienzan a tomar otro camino, el de la lucha política. Y el estado reacciona tratando de extenderles las condenas, negándoles beneficios, censurando lo que puedan expresar, persiguiéndolos, negándoles oportunidades de reinserción laboral, etc. El escenario es completamente diferente al de hace veinte o treinta años, pero los discursos desde el poder siguen ubicándose en un escenario de guerra, en términos muy parecidos a los del general Artola en 1976 o a Cisneros Vizquerra a comienzos de los ochentas. Tienen muy claro que los post-insurgentes pueden reforzar la acumulación de fuerzas que lleve a cambios sociales que socaven el poder oligárquico reconstituído. Ya saben que se pudo y que se puede. Lo tratarán de impedir a como dé lugar. No pasa un conflicto social sin que encuentren alguna vinculación a algún ex-emerretista o ex-senderista. Si el ex-insurgente sigue un camino de movilización política y social, irá a la olla.

A esta reacción contra los ex-insurgentes se suma la reacción de la otrora “nueva izquierda” que también combatió a la insurgencia en los ochentas. En este sector también continúa la guerra de los ochentas y noventas en las nuevas condiciones. Las muertes de dirigentes sociales y campesinos hoy le pasan la factura a los ex-insurgentes. Es que la insurgencia de los ochentas avanzó política y militarmente mucho más que la insurgencia de los sesentas, pero aquella fue derrotada moralmente. Esa es la mayor derrota de esa insurgencia y es uno de los grandes pasivos de su post-insurgencia, que compromete totalmente a su asimilación actual. La cosa es que la asimilación viene en paquete: no sólo le piden una autocrítica o un “arrepentimiento” delator, sino una derechización.

Quienes ya pagaron su derecho de piso por asimilarse al sistema por las insurgencias anteriores hoy le niegan la asimilación a los ex-insurgentes del presente. Aquí también se actúa más que por temor a un resurgimiento de la insurgencia, por el temor a la agenda política de la post-insurgencia. Si la insurgencia del APRA fue sucedida por la superconvivencia de Haya, la insurgencia de De La Puente fue sucedida por la actual suerte de superconvivencia de la vieja “nueva izquierda”, reconvertida en el sector “caviar”, co-gobernante en el Perú post-fujimorista. Si la superconvivencia del Apra sirvió para reforzar la defensa del orden oligárquico, la superconvivencia de la vieja “nueva izquierda” sirvió para reforzar la restauraración del orden oligárquico. La post-insurgencia presente tiene en la post-insurgencia pasada a una enemiga, requerida de dar muestras de lealtad al sistema oligárquico, so riesgo de ir a la olla con quienes se muestre blanda.

Así es la asimilación, al menos en el Perú. La única asimilación sistémicamente compatible es que el ex-insurgente se asimile a las derechas. En ese caso hasta los sectores más reaccionarios lo recibirán con los brazos abiertos y hasta le pueden dar el Premierato, como a Yehude Simon. Ese es el único camino que le aceptaron a Haya y a los que le sucedieron. Quedará por verse cómo se da el proceso de asimilación post-insurgente actual.

En conclusión por ahora, las insurgencias en el Perú han seguido ciclos de levantamiento-derrota-asimilación. Ocurrió con el APRA y el PC, luego con el MIR y el ELN, y está ocurriendo ahora con SL y el MRTA. En el Perú se suele ver a estas insurgencias por separado, se evita compararlas, acaso por miedo a ser acusado de apología del terrorismo. Sin embargo, no cuesta mucho evidenciar que estas insurgencias son parte de un mismo proceso histórico, una secuencia de negación-continuidad muy visible para quien esté dispuesto a abandonar la visión fragmentalista del Perú.


“El remolino rompió la calma”. El Apra surgiría e insurgiría contra la sociedad oligárquica y sería criminalizada oficialmente en el Perú. Era ilegal porque el comunismo era ilegal. Y como el Apra era comunista, era también terrorista. Era un partido oficialmente proscrito en el Perú.
El comunismo y el aprismo eran ideologías ilegales, rechazadas oficialmente en el Perú.
(La segunda imagen procede de aquí).

El aprista Jorge Wong Chávez presentado como un terrorista, con armas de fuego, balas, literatura subversiva y bandera aprista.
Tomado del documento anterior.
Apristas capturados en la asonada de 1948: presentados como terroristas.


Ahistá, pues. Haya de la Torre ampayado por la oligarquía con los comunistas rusos. Gran peligro para el statu quo oligárquico.
Tomado del documento anterior.


Eudocio Ravines Pérez detenido (en una casa de la avenida Mariátegui) y escapado (con ayuda soviética como contaría después en “La gran estafa”).
Cinco años antes la misma Crónica pondría en primera plana la detención de José Carlos Mariátegui como uno de los más activos dirigentes del comunismo en Lima, aquí.
Tomado de “El deportado” de Federico Prieto Celi (Editorial Andina, 1979).


De la Puente Uceda: antes de iniciar la insurgencia dio una conferencia de prensa supuestamente clandestina. En realidad, la CIA le seguía los pasos: tenía infiltrado al MIR.

Un lampiño Hugo Blanco es capturado. Lo condenarían a muerte, pero sería amnistiado.
Tomado del libro de Artola.

Hugo Blanco, ya barbado, en el Frontón con otros dirigentes campesinos.
Tomado de Hugo Blanco, “Land or Death”. Versión en inglés de “Tierra o Muerte”.


Niños en la insurgencia de Luis de la Puente Uceda. Publicación del Ministerio de Guerra del Perú.


1966: Mitin en que se pide amnistía general, defensa de los derechos humanos, no a la pena de muerte, no a las desapariciones. Sale Hugo Blanco, Javier Heraud, Vicente Lanado. Conseguirían la amnistía general. Tomado de Hugo Blanco, “Land or Death”. Versión en inglés de “Tierra o Muerte”.


1976: Alerta de Artola. La subversión comunista seguía latente en el país. Artola busca con su libro reforzar la reoientación hacia la derecha del régimen de Morales Bermúdez, combatiendo la influencia izquierdista, que incluso provenía de la insurgencia de los sesentas.


El General Artola acusa de subversivos a dirigentes campesinos que apoyaban al régimen de Velasco. Artola era un general derechista que se oponía al rumbo reformista del gobierno velasquista. Su libro “¡Subversión!” de 1976, aparecido ya durante Morales Bermúdez, es parte de la presión de las derechas militares por abandonar el reformismo y restaurar el poder oligárquico. Finalmente lo lograrían.


1980: Sendero toma de sorpresa a la sociedad peruana.
El Diario de Marka, 19 de mayo de 1980. Informa sobre una incidencia en las elecciones nacionales: en Chuschi quemaron ánforas. Los militares se movilizaron en helicóptero a reponer el material electoral.

Dos caras de la insurgencia senderista.
Entierro de Edith Lagos, Ayacucho, hace 30 años. Imagen tomada de aquí
Ejecución cometida por senderistas, Canto Grande, Lima. Imagen tomada de aquí.


Ayer y hoy: zona de operación de Hugo Blanco, luego de De la Puente y hoy de “Gabriel”.
Hugo Blanco se establece en una zona campesina, Luis de la Puente en una zona alta de difícil acceso, y “Gabriel” al acecho de una zona extractiva.
Tomado del citado libro de Artola: zona de operación de la “guerrilla Pachacútec”. Edición en azul mía.

Encuentre Vd. la diferencia: un diario es de la “derecha bruta y achorada” y el otro es de “los caviares”.
Ninguna protesta social en el Perú actual se ha salvado de ser acusada de terrorista.

Otro caso: un diario es de la “derecha bruta y achorada” y el otro es de “los caviares”.
Ambos mantienen en la opinión pública la idea de continuidad y latencia de la insurgencia. No se ubican en una realidad de post-guerra.

  1. “La última filosofía, según el tiempo, es el resultado de todas las filosofías anteriores y ha de contener por ello los principios de todas; por esta razón, aunque es filosofía de otra manera, es la más desarrollada, la más rica y la más concreta.” Enciclopedia de las ciencias filosóficas (1830).
  2. El fragmentalismo gruñón y carrasperoso merece un post aparte. A ver si lo escribo.